AMLO. El presidente cruel
Nuestro país ha sido regido por gobernantes déspotas, negligentes ineptos, pero nunca habíamos estado dirigidos por un presidente tan cruel como el actual.
Si tomamos en cuenta que la primer forma de gobierno en México después de la independencia fue un sistema imperial, tenemos que el primer gobernante de nuestro país fue Agustín de Iturbide, quien, tras su abdicación, el país avanzó hacia un sistema democrático, permitiendo la elección popular del presidente de la República, siendo el ganador Guadalupe Victoria (cuyo nombre verdadero era José Miguel Ramón Adaucto Fernández Félix), quien se convirtió en el primer presidente constitucional de México el 10 de octubre de 1824.
De ahí siguieron:
Vicente Ramón Guerrero Saldaña, José María Bocanegra, el triunvirato conformado por Pedro Vélez - Luis Quintanar y Lucas Alamán, posteriormente, Trinidad Anastasio de Sales Ruiz Bustamante, José Ventura Melchor Ciriaco de Eca, Manuel Gómez Pedraza y Rodríguez, José María Valentín Gómez Farías, Antonio López de Santa Anna, Miguel Francisco Barragán Moctezuma, José Justo Corro, Nicolás Bravo Rueda, Francisco Javier Echeverría Migoni, José Valentín Raimundo Canalizo Bocadillo José Joaquín Antonio Florencio de Herrera y Ricardos, Gabriel Valencia, José Mariano Epifanio Paredes y Arrillaga, José Mariano Salas, Pedro María Bernardino Anaya Álvarez, Manuel de la Peña y Peña, Mariano Arista, Juan Bautista Ceballos, Manuel María Lombardini, Martín Carrera Sabat, Rómulo Díaz de la Vega, Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado, José Ignacio Gregorio Comonfort de los Ríos, Benito Pablo Juárez García, Sebastián Lerdo de Tejada y Corral, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, Juan Nepomuceno Méndez Sánchez, Manuel del Refugio González Flores, Francisco León de la Barra y Quijano, Francisco Ignacio Madero González, Pedro Lascuráin Paredes, José Victoriano Huerta Márquez, Francisco Sebastián Carvajal y Gual, José Venustiano Carranza Garza, Felipe Adolfo de la Huerta Marcor, Álvaro Obregón Salido, Francisco Plutarco Elías Calles, Emilio Cándido Portes Gil, Pacual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez Luján, Lázaro Cárdenas del Río, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Tomás Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz Bolaños, Luís Echeverría Álvarez, José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Ahora bien, los hechos hablan por sí mismos, los más de 230,000 decesos por COVID, de los cuales más de 110,000 pudieron haberse evitados siguiendo una simple campaña de prevención.
Los 34,000 muertos por homicidios dolosos al año, desde que inició la actual administración, entre los que se cuentan un número nunca visto de feminicidios. Los niños con cáncer a quienes se les niegan los medicamentos para tratar su padecimiento, así como el lamentable caso de negligencia que motivó el descarrilamiento del metro que acabó con decenas de vidas, entre muchos más, muestran a López Obrador como un presidente indiferente, frío e insensible al dolor ajeno.
La actitud del presidente ha escalado a tal extremo que llega a un nivel de cinismo y crueldad jamás vistos en ninguno de los gobernantes de México.
Y eso que en México hemos tenido presidentes traidores a la patria (Santana), asesinos (Díaz Ordaz, Luís Echeverría), soberbios y dictadores (Porfirio Díaz, Plutarco Elías Calles), pero en ninguno de ellos se había visto el nivel de crueldad al que nos enfrentamos con López Obrador, a quien no le importa que se mueran niños con cáncer con tal de no dar contratos a los proveedores médicos del anterior régimen, ni que cientos de miles pierdan la vida antes de reconocer que la forma de manejar la contingencia sanitaria por coronavirus fue equivocada, así como el responder con un ¡Que se vayan al carajo! y encubrir a los responsables del desastre del metro, además de contestar con risas burlonas y un “nosotros tenemos otros datos”, en lugar de afrontar y llevar a cabo acciones para detener los homicidios y feminicidios cuyas cifras van en un alarmante y desesperante ascenso.
La falta de respeto a la vida y deshumanización que se ve en el presidente López Obrador ante la muerte de cientos de miles de personas de su propio pueblo es sólo comparable con regímenes despóticos y siniestros como los de la Alemania Nazi y la extinta Unión Soviética de Stalin (por mencionar algunos).
¿Hasta donde vamos a llegar? ¿Cuántas muertes debe haber antes de poner un alto a esta barbarie? Sólo el tiempo lo dirá.
Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo de utilidad, ¡Hasta la próxima!