ARTISTAS

Por razones de mi trabajo y del medio en que me desenvuelvo, tengo la fortuna de

contar con extraordinarios amigos y amigas con los que me unen intereses

comunes relacionados con el arte: Cantantes, bailarines, artistas plásticos, actores

y actrices, escritores y todos los etcéteras imaginables. A muchos, tengo años de

conocerlos, incluso hemos compartido escenarios, y aunque nuestros caminos se

separaron, los lazos siguen allí, firmes. En ocasiones nos vemos, nos

encontramos en eventos y festivales y recobramos un poco nuestro pasado. Hay

algo que nos identifica y nos une y es que tenemos la misma pasión por la vida a

la que miramos de una manera distinta, una cierta locura que desarrolla a grados

extremos la sensibilidad.

Pero hay algo menos romántico que también identifica y es que nadie (Alguna

excepción habrá) vive totalmente de su trabajo artístico. Si bien se obtiene algo

de dinero por venta de obra o la presentación de algún evento, no es ni

remotamente lo suficiente para vivir del arte. Son otras las actividades las qué aun

siendo diametralmente opuestas a las vocaciones y capacidades, permiten que el

artista sobreviva.

Y esto se ha recrudecido ahora, cuando la pandemia ha condenado a la

humanidad a cancelar la vida tal como la conocíamos, los artistas. Como todos los

gremios, encuentran que si los ingresos antes eran magros, ahora son nulos, y

aunque se inicia la búsqueda de nuevos métodos de sobrevivencia económica,

hay otra parte no tan conocida pero absolutamente real que también afecta a este

gremio: La sobrevivencia espiritual y emocional que el desarrollo del arte

proporciona

En esta dualidad de necesidades, los artistas han buscado en las redes las

plataformas y los sitios virtuales, formas para expresarse y quizás, con suerte,

hasta obtener ingresos. Admiro eso, lo apoyo y deseo fervientemente que por allí

se encuentre un camino, pero soy escéptica, tengo muchas dudas y aunque me

abstengo de manifestarlas porque no quiero contribuir al desánimo colectivo, no

deja de entristecerme el pensar qué si para los artistas la situación antes estaba

mal, ahora está peor. La oferta en internet es muy grande y es difícil competir con

ello. 

Y además no es lo mismo. No es posible comparar lo virtual con lo presencial. Ya

lo sé, esta es la nueva normalidad y quizás viviremos así por más tiempo del que

imaginamos, pero no es fácil acostumbrarse. Esas plataformas virtuales que nos

están apoyando para comunicarnos son francamente patéticas, todos parecemos

enojados, distraídos, y las participaciones organizadas del uso de la voz no dan

lugar a la espontaneidad. Quizás, luego estas formas de comunicación mejorarán,

pero en todas las reuniones por Zoom a las que he asistido, me he sentido que no

soy yo, a estas alturas de la pandemia, ya no tengo eso tan preciso.

Y sí, ése es el reto, los artistas tenemos que cambiar. Debemos tener una

imaginación viva para adaptarnos, fortalecer nuestras capacidades, y ajustarnos.

Para algunos será más fácil que para otros. Muchos maestros talleristas lo están

logrando y son capaces ya de impartir clases de pintura o de dibujo virtualmente.

No ha sido tan fácil para la danza y menos para el teatro. Pero para todos se

requiere resistencia, mucha resistencia. No flaquear, No darse por vencidos, hora

tras hora, día tras día, y mes tras mes y mejor no sigo, porque estoy a punto de

decir, año tras año.

Hacer arte en estas condiciones no es fácil y la autodisciplina es vital, sin nadie

que presione, con el tiempo contándose de otra manera, es posible perder el

ritmo. Hay que seguir y seguir, abrevando en experiencias pasadas, en recuerdos,

y sobre todo, hay que fortalecer el sentido del humor, que en estos momentos casi

todos lo traemos perdido pero en algún lugar estará hay que buscarlo. Yo en eso

ando.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com