Carta al Presidente

POLICROMO ROGELIO AROS GUZMÁN

Presidente, distraigo tu atención para manifestarte una serie de inquietudes que tengo en torno a tu ascenso a la presidencia de la república y a tu manera de gobernar, permitiéndome lo hacer de la siguiente manera:

Recuerdo aquel 1º de julio del 2018 en el que, por fin, tras tres intentos, te alzaste con la victoria. Fue un día memorable para muchas y muchos mexicanos que abrigábamos la esperanza de al fin contar con un presidente inteligente, demócrata, patriota, unificador, con visión de futuro, honesto, honrado y con una profunda convicción por la justicia, que venía a cambiar para siempre, en beneficio de todas y todos, la manera de hacer gobierno. Las personas que me invitaron a apoyarte, (a pesar de que yo pensaba que no tenías ni la capacidad, ni el deseo, ni los valores ni la experiencia, ni la sanidad mental, ni el talante de estadista, pero te di el beneficio de la duda), conjuntamente conmigo y otras más que participaron en el movimiento, celebramos con porras, vítores, cerveza y mezcal, de una manera que me recordó cuando celebramos en el año de 1986 el triunfo de Ernesto Ruffo en contra del PRI. Fue una elección memorable que jamás olvidaré porque a pesar de que yo no creía que fueras a hacer un buen gobierno, después de haber padecido el regreso del “nuevo PRI”, previo a la decepción del PAN en la presidencia, y no tener otra opción que tomar, me dediqué en cuerpo y alma a apoyarte porque creí en tu discurso y en tus promesas. Creí fervientemente que México renacería con tu liderazgo y con tu visión de integración nacional y de futuro. Puse recursos materiales, económicos, humanos y de todo tipo para lograr tu triunfo. Realicé actividades políticas de propaganda y penetración de tu mensaje entre la población independientemente de las filiaciones políticas de quienes recibieron tu mensaje. Lograste y logramos el triunfo con la mayor votación que haya obtenido en la historia; más de treinta millones de votantes te dieron las llaves de este maravilloso pero vilipendiado país que ansiaba a un líder demócrata e integrador que viniera a cambiar las cosas para beneficio de todos y no de unos cuantos. Para que crearas programas que cambiaran la faz del país y su gente, mediante el combate a la pobreza, la disminución de las desigualdades; para que emprendieras una lucha en contra de la delincuencia y de la corrupción; para que llamaras a cuentas a todos aquellos que señalaste en tu campaña, con atino, como los responsables de la debacle económica, de la corrupción y el latrocinio, para que regresaran lo robado y pagaran con cárcel sus desmanes; en suma, para que cambiaras a este país con una perspectiva integradora; con una visión de futuro; con una sinceridad y ausencia de mentiras y simulación.

A tres años quiero decirte que me tienes profundamente desilusionado. Tu comportamiento riñe totalmente con el discurso y las promesas que como candidato le hiciste al pueblo de México. Le has fallado y cada día son menos los mexicanos que creen lastimeramente en ti. Esos que todavía creen en ti, lo hacen de manera insensata, con el firme deseo de que cambies el rumbo o que tus políticas públicas, finalmente traigan los beneficios anhelados. Esos que creen en ti, lo hacen o por interés, por ignorancia, por despecho al régimen partidista perverso que gobernó antes que tú, o por la esperanza y la fe, hoy irracionales, puestas en ti, porque los resultados son verdaderamente decepcionantes. Ellos todavía ven en ti a la esperanza y sienten que tú eres su triunfo, aunque en el fondo se den cuenta que tu política económica es errática, porque cuando van al mercado a comprar sus víveres, el dinero no les alcanza por la inflación desbordada a pesar del aumento en el salario mínimo y a pesar de los programas asistenciales electoreros que vienen del pasado y que fueron aumentados de manera irracional por ti en estos tres años terminarán desfondando a la economía. Se dan cuenta que utilizas un lenguaje lastimoso para tratar de paliar sus miserias y sus problemas con la lengua y no con la acción, al decir que “para qué quieren comer carne y pollo, si tienen frijoles”. Que “si tienen una choza para que quieren una mejor casa”. Que, si tienen un par de zapatos, para qué quieren otro”, cuando tú. En cada gira estrenas una guayabera de lino carísima. Les dices que el “aspiracionismo es un pecado”, cuando tus hijos de van de vacaciones y se hospedan en hoteles de cuarenta mil pesos la noche, con dinero de las empresas que han creado a partir de que tú iniciaste la presidencia. ¡Qué descaro! 

Ellos se dan cuenta que tus políticas en materia de seguridad pública constituyen el mayor fracaso en la historia porque sigues implementando lo que no funciona, dejando inerme a la población al ligarte de hecho con la delincuencia organizada a la que felicitaste en el proceso electoral próximo pasado. Ya van más de noventa mil homicidios y feminicidios en tus casi tres años de gobierno, la violencia familiar ha aumentado, y, en general la delincuencia “desorganizada” ataca a todas y a todos en su seguridad y patrimonio, y la organizada que secuestra, trata personas, mata, roba, asalta y cobra piso se expande día a día sin que hagas prácticamente nada más que felicitarlos. ¡Es decepcionante!

Tus políticas erráticas en materia económica; tu aferramiento a rescatar la empresa más endeudada del mundo (PEMEX) con cientos de miles de millones tirados a la basura; tus proyectos insignes destinados al fracaso Dos Bocas, Santa Lucía y el Tren Maya, son caprichos que nos van a costar mucho a los mexicanos, especialmente a los más pobres pues son ellos los que más recienten los embates de la crisis. Tu pésimo y criminal manejo de la pandemia el COVID al sostener a un lacayo “lame bajos”, inepto, insensible e irresponsable, ha causado ya centenas de miles de muertes. Tu delincuente intervención en las elecciones próximas pasadas en las que tú mismo aceptaste que estabas metido a favor de tu partido Morena, demuestran tu antidemocracia priista de los setenta. Tu sistema de saludo fracasado, que vino a sustituir al seguro popular que con fallas funcionaba. Hoy, gracias a ti, hay 16 millones de personas que no tienen acceso a los servicios de salud. Tu combate a la pobreza fracasado con millones de nuevos pobres y miserables. 

Tu destrucción de los fideicomisos y fondos para utilizar el dinero ahorrado por décadas en programas electoreros, están resultando en fatales consecuencias, como la falta de apoyos en las tragedias derivadas de fenómenos naturales; la cultura y la ciencia, está por los suelos.

El defender a consumados ladrones y violadores a toda costa, exhibiendo una supuesta lealtad enfermiza y grosera para con el pueblo, como, por ejemplo, Bartlett y Salgado Macedonio, dan cuenta de lo que realmente eres: un político pragmático sin escrúpulos que hace lo que tenga que hacer para obtener los resultados que dizque busca. Tu programa de propaganda mañanera es lastimera, chafa, abusiva, violadora de derechos humanos, “amensadora o estupidizante”, que lo único que hace, al disfrazarse de transparencia, constituye un ejercicio de autoritarismo y divisionismo insultantes. La utilización de las fuerzas armadas en casi todo, constituye una militarización de derecha extrema. Tu inexistente combate a la corrupción es insultante. Ni que decir de tu populismo, tu demagogia y tu conservadurismo.

Tus programas sociales caros y fallidos. Tus ataques insensatos a las clases sociales; tu divisionismo grosero; insensible y pragmático, tu llamado a la mediocridad; tus miles de mentiras que por decenas a diario profieres; tu megalomanía desesperante; tu insania evidente; tu rencor; tu odio; tu amargura; tu resentimiento; tu talante autoritario y mesiánico; tus ideas acedas, trasnochadas y vetustas; tu ignorancia sobre la geopolítica; tu complejo de “sabelotodo” y todas tus políticas públicas, están llevando a este país al desfiladero. Qué decepción de percatarme que tu discurso como candidato riñe casi totalmente con tu discurso y tus acciones como presidente. Qué lástima porque tenías todo para construir un nuevo país. Un nuevo México donde las diferencias disminuyeran. Donde los valores humanos campearan. Donde los antivalores que a diario promueves, disminuyeran. Donde la democracia se tradujera, no solo en resultados electorales, sino en pleno mejoramiento de las condiciones sociales y en el fortalecimiento de México como país, república y nación. Lástima, lo tenías todo y lo echaste por la borda. No pasarás a la historia como uno de los mejores presidentes, sino como uno de los peores; para el basurero de la historia. Son muchas otras cosas las que quisiera señalar, pero el espacio no me lo permite, por lo que me despido de ti diciendo: me gustaría, que cambiaras y enmendaras el camino, por tu bien y el de todos. Que seas como dijiste que ibas a ser en la campaña política en la que te apoyé. Gracias.