Civilizaciones y empresas, mismo patrón

Sociedad y derecho.

Las civilizaciones nacen, crecen y desaparecen con frecuencia siguiendo patrones repetidos. Uno de los pensadores más citados sobre este fenómeno fue J. D. Unwin, antropólogo británico autor de Sex and Culture (1934). Tras estudiar numerosas sociedades antiguas, sostuvo una tesis provocadora: la fuerza de una civilización depende menos de su riqueza inmediata y más de su disciplina interna, su estructura social y su capacidad de canalizar energía humana hacia objetivos duraderos.

Aunque Unwin hablaba de pueblos y culturas, su marco también puede aplicarse a las empresas. Muchas compañías nacen, prosperan y desaparecen siguiendo una lógica muy parecida a la de las civilizaciones. Cambian los escenarios, pero no la naturaleza humana.

Primera etapa: nacimiento en la escasez. Las civilizaciones suelen surgir en contextos difíciles: amenazas externas, carencias o necesidad de sobrevivir. Eso obliga al esfuerzo, la cooperación y la disciplina. Lo mismo ocurre con las empresas jóvenes. Un negocio que inicia desde cero suele operar con pocos recursos, jornadas largas y máxima concentración. Cada peso importa. Cada cliente cuenta. La necesidad crea enfoque.

Segunda etapa: expansión por mérito. Cuando una sociedad mantiene orden, trabajo y cohesión, crece. Desarrolla comercio, leyes e influencia. Una empresa también entra en fase de expansión cuando conserva hambre competitiva, buen servicio y estándares altos. Aumentan ventas, talento, reputación y mercado.

Tercera etapa: abundancia y comodidad. Aquí comienza el riesgo silencioso. Según Unwin, muchas civilizaciones se debilitan cuando generaciones posteriores disfrutan la prosperidad sin haber vivido el sacrificio que la produjo. En empresas sucede igual: cuando llegan utilidades constantes, oficinas elegantes y prestigio, puede aparecer burocracia, arrogancia y pérdida de urgencia.

Cuarta etapa: fragmentación interna. Una civilización en declive pierde confianza social, propósito común y disciplina. En una empresa esto se traduce en guerras internas, departamentos aislados, exceso de reuniones, decisiones lentas y política corporativa. La energía deja de dirigirse al cliente y se consume internamente.

Quinta etapa: sustitución o caída. Las civilizaciones no siempre mueren con estruendo; a veces son desplazadas por otras más organizadas y ambiciosas. Las empresas también. No siempre quiebran de inmediato: primero pierden relevancia, después mercado, luego talento y finalmente existencia. Un competidor más ágil toma su lugar.

Kodak frente a la fotografía digital, Blockbuster frente al streaming o empresas locales desplazadas por nuevas plataformas muestran ese patrón. No faltaba dinero; faltó adaptación y disciplina estratégica.

Muchos historiadores cuestionan partes de la metodología de Unwin, y es válido hacerlo. Pero su intuición central sigue siendo útil tanto para naciones como para negocios: el éxito externo suele ser consecuencia de virtudes internas, y la decadencia externa suele empezar con desorden interno.

Pero ¿Hay acciones para evitar la caída empresarial? Siguiendo la lógica y proceso planteado por las investigaciones de Unwin, ya con el conocimiento de las causas y factores de la desaparición de las civilizaciones y por analogía, de las empresas, podemos estructurar algunas sugerencias de posibles soluciones para evitar su desaparición, siendo estos los siguientes:

En primer lugar: Conservar mentalidad de fundador. Esto es, aunque la empresa crezca, debe mantener hambre, austeridad inteligente y cercanía con el cliente. En segundo la de: Premiar mérito real. Es decir, ascender resultados, capacidad y carácter, no antigüedad política. En tercero: Proteger la cultura. Con valores claros, responsabilidad personal y estándares altos que no deben negociarse cuando llega el éxito. En cuarto: Innovar antes de necesitarlo. Esto es, reinventarse cuando aún se está ganando. En quinto: Reducir burocracia. Toda estructura que no sirva al cliente o al crecimiento debe revisarse. En el número seis: Formar líderes con disciplina. Sin relevo competente, toda organización envejece rápido. Entre otras más que podríamos formular.

La lección final es contundente: tanto civilizaciones como empresas nacen en la dificultad, crecen con disciplina, se debilitan con comodidad y desaparecen cuando olvidan por qué fueron creadas. El verdadero patrimonio de una organización no son sus edificios, su marca ni su efectivo: es su carácter operativo. Cuando se pierde eso, lo demás dura poco.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas palabras hayan sido de su agrado y, sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!