Día del Abogado, 12 de julio de 2023

El 12 de julio se celebra el día del abogado en nuestro país, lo que nos brinda una excelente oportunidad para dar un vistazo a su origen, significado y función.

La palabra “abogado” proviene del vocablo latino “advocatus”, que significa “llamado”, porque entre los romanos se nombraba así a quienes conocían las leyes para socorro y ayuda. 

El buen abogado debe tener una fuerte “formación ética” tan sólida y firme que sea incorruptible, aún y cuando la situación específica sea exorbitantemente tentadora y atractiva.

El ejercicio de la abogacía debe ajustarse a las normas de la moral y del derecho, siendo la única forma de privilegiar una actuación ética.

También en abogado debe tener un “sentido social de ayuda al prójimo”. Estar dispuesto a dar su tiempo y conocimientos al servicio de un bien justo, aún y cuando no reciba ninguna retribución económica por ello.

En sus inicios el derecho no era una ciencia independiente sino parte de la filosofía. Sus primeros indicios los podemos encontrar en la Grecia Antigua, en los oradores de Atenas. La figura del abogado no existía como tal, aquellos que intervenían “abogando” por alguien en un juicio “principalmente de naturaleza penal” iban en calidad de “amigo” del defendido, una práctica que empezó a extenderse rápidamente.

No fue sino hasta en la Roma Antigua cuando surgió la figura del abogado como la de un experto que ejercía su labor de manera clara y de forma legal. Sin embargo, tuvo que pasar un tiempo hasta que se instaurara la abogacía como profesión.

Tanto en la antigua Grecia como en los primeros años del Imperio Romano los abogados no cobraban honorarios por sus servicios, obteniendo como única recompensa por su labor: honores y distinciones. En el año 204 Antes de Cristo, el Emperador Tiberio abolió la ley que prohibía que los abogados cobraran honorarios, permitiendo que lo hicieran a partir de entonces, sin embargo, la cuota máxima era de diez mil sestercios, lo que por aquel tiempo era muy poco.

Roma desarrolló rápidamente una clase de profesionales formados en materia jurídica a quienes acudían no sólo las partes de un juicio, sino también los propios jueces, los cuales eventualmente crearon el marco legal de lo que hoy conocemos como el “derecho romano”. Fue entonces cuando, por primera vez, en la cultura occidental hubo un grupo de personas que aplicaban las leyes de manera práctica y profesional.

Hacia el siglo IV Después de Cristo ya existía en Roma la figura del abogado como la conocemos ahora, eran profesionales formados en ley y la retórica, requiriendo de estudios especializados y formales para el ejercicio de su profesión, además de que, la cuota máxima de honorarios se amplió hasta unos 100 sólidos bizantinos, una cifra mucho mayor que la anterior, y que permitía al abogado ganar el dinero suficiente para subsistir.

Con la caída del Imperio Romano hubo una degradación y pérdida de las profesiones, entre ellas la abogacía, conservándose solamente algunos manuscritos en distintos monasterios.

En la baja edad media, entre los años 1000 a 1200 Después de Cristo, surgieron individuos que estudiaron “derecho canónico”, con ánimo de servir en la iglesia católica, quienes eventualmente ampliaron su práctica profesional a la solución de cuestiones mundanas. Fue entonces cuando empieza a aparecer el “derecho civil”.

Hoy día la abogacía no ha cambiado demasiado con respecto a la historia de los abogados y a las bases asentadas a lo largo del tiempo.

La mayor parte de los abogados de América Latina y en especial de México, son herederos de la tradición del Derecho Romano, muchas de cuyas instituciones continúan vigentes hasta el día de hoy.

El abogado tiene por objetivo fundamental la defensa de los intereses de sus clientes en procesos o procedimientos jurisdiccionales y judiciales, lo que hace sustancialmente, mediante la “construcción de argumentos ganadores”, los cuales deben, siempre, abonar a una mejor y más completa impartición de justicia.

El abogado además, previo a empezar a redactar y argumentar, debe tener la capacidad de saber encontrar la mejor solución al problema legal que se le plantea, lo cual únicamente puede conseguir con el estudio y la búsqueda exhaustiva de nortes legales, tanto en leyes, convenios internacionales, derecho extranjero comparado, así como en las doctrinas y las jurisprudencias, sin olvidar la experiencia, esa que sólo se adquiere con años de práctica.

Un abogado completo, además de dominar el arte de la comunicación y análisis legal, debe ser una persona con un pensamiento perfectamente estructurado, que le permita ser capaz de sintetizar y simplificar problemas complejos, pues sólo así puede encontrar soluciones lógicas y suficientemente convincentes para persuadir al juzgador que tiene la razón, el derecho y la justicia de su lado.

Esta habilidad fundamental, de encontrar, redactar, comunicar y así convencer al juzgador de que nuestra posición es la correcta en relación a la de nuestra contraparte en un juicio es, quizá, una de las de mayor relevancia e importancia que un abogado debe tener y dominar.

A todos mis colegas abogadas y abogados les deseo un muy feliz día y, que lo celebremos trabajando por la construcción de un mejor México, velando por la conservación del Estado de Derecho y de la democracia.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!