!Eeeeeeeh!
Discriminar: como costumbre, como acto reflejo, como hábito social. Discriminar por
acción de la inercia de la vida, por formas maltrechas del devenir cultural, por presión
de los demás, por pertenecer nosotros mismos, por no quedar fuera.
Discriminar, fundamentalmente, por ignorancia y acumulación, legendaria a veces, de
prejuicios, de preconcepciones que han desarrollado raíz incluso en el núcleo familiar,
en la aventura de vivir la rutina diaria, en nuestros modismos lingüísticos, en el
mensaje tan directo que comunica a un recién nacido con la leche de mamá.
!Eeeeeeeh!
Escucho y leo en muchos sitios comentarios, posturas, condenas y hasta acciones
–discriminatorias en sí mismas también-, respecto de los sujetos que llevan a cabo la
acción de discriminar y de la teorización del hecho mismo de hacerlo. Sin restarle
valor al análisis, y mucho menos a la profundización del fenómeno de manera
científica y teórica, contrasta el hecho de que existe mucho menor volumen de
información, opinión -disponible para cualquier persona-, y disquisiciones en relación
a los efectos directos e indirectos en una vida como la tuya y la mía, causados por la
discriminación: todas esas oportunidades que se pierden, todo ese sufrimiento, el
miedo permanente, la persecución en casos extremos; toda esa calidad que se aniquila
en nuestra vida, la cancelación total o parcial de nuestra posibilidad de desarrollo
integral para desplegar nuestro potencial; los sueños por descubrir, el anhelo perdido.
La discriminación es básicamente una acción de desplazamiento, de impedimento.
Genera una barrera artificial en el camino pleno y libre de la víctima hacia el ejercicio
completo de sus derechos. Una barrera de entrada al terreno de la plenitud, la
normalidad, la espontánea decisión de ser lo que a cada uno le salga de la gana.
!Eeeeeeeeh!
Su manifestación es múltiple e inagotable pues tiene como elemento esencial la
posibilidad de presentarse en todos los ámbitos de nuestra vida: equidad en ingresos
por trabajo igual, oportunidades de estudio, garantía de decidir, en fin, en las
consecuencias de nuestros actos o nuestras omisiones.
Se discrimina en México por razones de color de piel, raza, idioma hablado, género,
geografía -hasta por el barrio que habitamos-, confesión religiosa, convicciones,
principios éticos, edad, nuestra presunta condición socioeconómica, nuestras
discapacidades, vaya, hasta por el deporte que cada cual ha de preferir. Curiosamente
quienes discriminan a otros son, frecuentemente, víctimas de la discriminación
también, ellos, sus padres o sus hijos. La cultura de la discriminación se robustece en
la revancha, se oficializa en el resentimiento.
Hay leyes, organizaciones, instituciones públicas, expertos, pero solamente podremos
mudar a una vida más plena y a un desarrollo individual robusto en la medida que
transformemos esa cultura actual de discriminación por una actitud colectiva
incluyente y respetuosa. ¿Por qué no cabemos todos? ¿Por qué trasladar con rabia y
rencor nuestras incapacidades?
Es una constante: en los periódicos, la televisión, la radio, las redes sociales, las
sobremesas y las conversaciones en un bar. Somos dueños de la verdad absoluta.
Somos los únicos guapos, simpáticos. Somos quienes aún sin rigor tenemos la
interpretación correcta. Somos cool, grandes o chiquitos. Somos la punta de flecha de
obsidiana que marca al destino nuestro, excluyendo a quien quiera que piense
distinto, denostando a cualquiera que no sea igual.
Todo ese valor que perdemos como sociedad al cancelar el desarrollo de quienes
sufren discriminación, es valor que, de recuperarlo como individuos, nos aproximará a
eso que tanto declaramos y añoramos, pero que acaba diluyéndose y alejándose en
ese plano personal pues no se articula en la plataforma gremial de quienes nos
rodean. Nos aproximará a que todos podamos recorrer los caminos de nuestra vida
para libremente elegir nuestro potencial por descubrir...
La próxima vez que estés en la tribuna de la vida y pienses en comenzar ese acto de
discriminación, piensa mejor en gritar piensa! !Eeeeeeeeh! !Incluye! !Respeta! Pues bien
podría ser un hijo tuyo o una madre o un hermano sobre quien recaiga la furia de tu
discriminación.
Twitter: @avillalva_
Facebook: Alfonso Villalva P.