!Eeeeeeeh!

Alfonso Villalva P.

Discriminar: como costumbre, como acto reflejo, como hábito social. Discriminar por

acción de la inercia de la vida, por formas maltrechas del devenir cultural, por presión

de los demás, por pertenecer nosotros mismos, por no quedar fuera.

Discriminar, fundamentalmente, por ignorancia y acumulación, legendaria a veces, de

prejuicios, de preconcepciones que han desarrollado raíz incluso en el núcleo familiar,

en la aventura de vivir la rutina diaria, en nuestros modismos lingüísticos, en el

mensaje tan directo que comunica a un recién nacido con la leche de mamá.

 

!Eeeeeeeh!

 

Escucho y leo en muchos sitios comentarios, posturas, condenas y hasta acciones

–discriminatorias en sí mismas también-, respecto de los sujetos que llevan a cabo la

acción de discriminar y de la teorización del hecho mismo de hacerlo. Sin restarle

valor al análisis, y mucho menos a la profundización del fenómeno de manera

científica y teórica, contrasta el hecho de que existe mucho menor volumen de

información, opinión -disponible para cualquier persona-, y disquisiciones en relación

a los efectos directos e indirectos en una vida como la tuya y la mía, causados por la

discriminación: todas esas oportunidades que se pierden, todo ese sufrimiento, el

miedo permanente, la persecución en casos extremos; toda esa calidad que se aniquila

en nuestra vida, la cancelación total o parcial de nuestra posibilidad de desarrollo

integral para desplegar nuestro potencial; los sueños por descubrir, el anhelo perdido.

La discriminación es básicamente una acción de desplazamiento, de impedimento.

Genera una barrera artificial en el camino pleno y libre de la víctima hacia el ejercicio

completo de sus derechos. Una barrera de entrada al terreno de la plenitud, la

normalidad, la espontánea decisión de ser lo que a cada uno le salga de la gana.

 

!Eeeeeeeeh!

Su manifestación es múltiple e inagotable pues tiene como elemento esencial la

posibilidad de presentarse en todos los ámbitos de nuestra vida: equidad en ingresos

por trabajo igual, oportunidades de estudio, garantía de decidir, en fin, en las

consecuencias de nuestros actos o nuestras omisiones. 

 

Se discrimina en México por razones de color de piel, raza, idioma hablado, género,

geografía -hasta por el barrio que habitamos-, confesión religiosa, convicciones,

principios éticos, edad, nuestra presunta condición socioeconómica, nuestras

discapacidades, vaya, hasta por el deporte que cada cual ha de preferir. Curiosamente

quienes discriminan a otros son, frecuentemente, víctimas de la discriminación

también, ellos, sus padres o sus hijos. La cultura de la discriminación se robustece en

la revancha, se oficializa en el resentimiento.

 

Hay leyes, organizaciones, instituciones públicas, expertos, pero solamente podremos

mudar a una vida más plena y a un desarrollo individual robusto en la medida que

transformemos esa cultura actual de discriminación por una actitud colectiva

incluyente y respetuosa. ¿Por qué no cabemos todos? ¿Por qué trasladar con rabia y

rencor nuestras incapacidades?

Es una constante: en los periódicos, la televisión, la radio, las redes sociales, las

sobremesas y las conversaciones en un bar. Somos dueños de la verdad absoluta.

Somos los únicos guapos, simpáticos. Somos quienes aún sin rigor tenemos la

interpretación correcta. Somos cool, grandes o chiquitos. Somos la punta de flecha de

obsidiana que marca al destino nuestro, excluyendo a quien quiera que piense

distinto, denostando a cualquiera que no sea igual.

 

Todo ese valor que perdemos como sociedad al cancelar el desarrollo de quienes

sufren discriminación, es valor que, de recuperarlo como individuos, nos aproximará a

eso que tanto declaramos y añoramos, pero que acaba diluyéndose y alejándose en

ese plano personal pues no se articula en la plataforma gremial de quienes nos

rodean. Nos aproximará a que todos podamos recorrer los caminos de nuestra vida

para libremente elegir nuestro potencial por descubrir...

 

La próxima vez que estés en la tribuna de la vida y pienses en comenzar ese acto de

discriminación, piensa mejor en gritar  piensa! !Eeeeeeeeh! !Incluye! !Respeta! Pues bien

podría ser un hijo tuyo o una madre o un hermano sobre quien recaiga la furia de tu

discriminación.

 

Twitter: @avillalva_

Facebook: Alfonso Villalva P.