El Derecho como ciencia tiene como máxima regular las conductas de los individuos.

Su objetivo y fin es el de reglamentar todos los actos  materiales de las personas para poner medidas y pautas con el propósito de hacer posible la correcta convivencia e interacción de estas en la sociedad.

Tomando en cuenta lo anterior,  los pensamientos, sentimientos y emociones también forman parte del estudio de la ciencia jurídica, ya que se tratan de la antesala de las acciones.

El entender el origen y circunstancias que dan nacimiento a las conductas es de la mayor importancia para el Derecho.

El proceso cognoscitivo mediante el cual un sujeto capta, a través de la percepción de los sentidos, información de la realidad y asimilación de ideas, para posteriormente recrearlas desde su particular óptica en actos materiales involucra a todas las funciones mentales y emocionales del individuo, tales como la percepción, la memoria, el lenguaje, la imaginación, la creatividad, la intuición, la concentración, el interés, la conciencia, los valores, las motivaciones, entre muchas más.

El psicólogo y biólogo suizo Jean Piaget, considerado el padre de la teoría de la “epistemología genética” (relativa a la generación de nuevos conocimientos, fruto del desarrollo de estructuras de mecanismos funcionales que se mantienen a lo largo de todo el desarrollo), propone la tesis de que, el proceso cognitivo comienza en la infancia con los esfuerzos del niño o niña por comprender y adaptarse al mundo, desarrollando patrones relacionados a cada etapa de su crecimiento, aprendiendo nuevas formas de operar en la sociedad.

Lo interesante de esta teoría es que propone que, en la construcción del pensamiento intervienen tanto factores externos como genéticos.

Este último, entendido como la percepción innata y universal que todas las personas tienen desde su nacimiento en cuanto a lo que es correcto e incorrecto.

Los pensamientos son la antesala de las acciones.

Cada acto que llevan a cabo las personas está presidido por una idea o pensamiento. Por lo que, la calidad de estos últimos, al estar íntima e ineludiblemente relacionada con las conductas, adquiere suma importancia para el adecuado desarrollo de los individuos y su desenvolvimiento en la sociedad.

Por ello, lo que nos permitimos pensar resulta igual o más importante que nuestros actos.

No obstante, al no tener aparentemente, consecuencias nuestros pensamientos, la gran mayoría de nosotros ni siquiera prestamos atención al cuidado y calidad de ellos.

Nos permitimos la libertad de generar pensamientos negativos y derrotistas, sin detenernos a imaginar siquiera que estos nos llevarán, inexorablemente, a reaccionar de esa manera ante los eventos y situaciones que se presenten en nuestra vida.

Por el contrario, si tenemos la certeza de que con planeación, definición de metas, trabajando enfocado, con constancia y dedicación podemos lograr todos nuestros objetivos, económicos, personales y familiares, entonces nuestros pensamientos estarán alineados a esta percepción, haciéndonos actuar en concordancia con ellos.

De acuerdo con Adam Smith, considerado como el padre del capitalismo, “el interés individual de las personas resulta en beneficios y crecimiento de la comunidad” (ejemplo: El desarrollo de empresas y nuevos mercados impacta en la generación de empleos y benefactores económicos).

Tomando en cuenta esta idea, resulta que la aportación de acciones con valor de cada uno de nosotros repercutirá en beneficios de los demás y de nuestra sociedad.

De ahí la importancia de generar ideas y pensamientos constructivos que nos permitan afrontar las adversidades, viendo los problemas como parte normal de cada proceso, para administrarlos de manera tal que, consideremos los fracasos como oportunidades de aprendizaje, y por medio de estos, llegar al éxito, consiguiendo nuestras metas y aspiraciones. En esto la moderación de nuestras emociones juega un papel primordial.

Una forma de moderar nuestras emociones  es que cada vez que llegue a nosotros un pensamiento nocivo, negativo o de fracaso, nos obliguemos a sustituirlo por otro positivo.

La moderación emocional es quizá, la habilidad y herramienta más importante que podemos tener para conseguir nuestras metas tanto profesionales, financieras, personales y familiares. Por lo que trabajar con determinación y esfuerzo en su consecución resulta esencial en la construcción de una vida de logros y satisfacciones.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta ula próxima!