El Océano como espejo de nuestra abundancia colectiva

A menudo vivimos bajo la ilusión de la separación y creemos que lo que sucede en el azul profundo no tiene eco en nuestro espíritu

Por estos días me desperté con una noticia que expandió mi corazón y me invitó a respirar tan profundo como si el mismo salitre del mar golpeara mi ventana en este momento, pues la entrada en vigor del tratado de la ONU para proteger el 30% de las aguas internacionales es mucho más que un pacto legal, es el reconocimiento de que la inmensidad que nos rodea refleja exactamente la grandeza que nos habita, recordándonos que no somos gotas aisladas, sino el poder del océano mismo manifestándose en un movimiento constante de propósito.

A menudo vivimos bajo la ilusión de la separación y creemos que lo que sucede en el azul profundo no tiene eco en nuestro espíritu. Sin embargo, este pacto por la biodiversidad nos demuestra que el concepto de "somos uno" ha dejado de ser una frase mística para convertirse en una estrategia de supervivencia donde entendemos que cada especie protegida en el abismo es una parte de nuestra propia alma que vuelve al equilibrio, pues el océano no es un recurso que nos pertenece sino una extensión de nuestra propia conciencia biológica y espiritual que hoy reclama su derecho a la paz.

En mis conferencias siempre te digo que la abundancia no es acumulación sino el flujo sagrado de la energía y el mar es el maestro supremo de esta verdad al enseñarnos que cuando dejamos de intentar poseerlo y comenzamos a proteger su esencia, la vida se multiplica milagrosamente para todos, permitiendo que la "economía azul" sea en realidad una metáfora de nuestra capacidad de dar y recibir sin miedo a la escasez, porque la verdadera riqueza de un ser humano florece únicamente cuando su entorno también tiene el espacio y la libertad para prosperar.

Este llamado a proteger el 30% del planeta para el año 2030 es una invitación directa a que tú también establezcas tus propias "áreas protegidas" internas donde el ruido del ego y la ambición desmedida no puedan entrar a saquear tus tesoros más sagrados, obligándonos a reflexionar sobre qué tan comprometidos estamos con nuestra propia ecología emocional para que la integridad de nuestras acciones diarias refleje ese mismo amor y respeto que hoy el mundo le promete a las profundidades del mar.

Si la humanidad ha logrado por fin mirar más allá de sus intereses egoístas para salvaguardar el origen de toda la vida, te pido que te sumerjas hoy en tu propio silencio para conectar con esa abundancia que ya reside en ti, celebrando este despertar colectivo no como un triunfo político sino como el regreso triunfal a casa donde finalmente comprendemos que cuidar del otro es la forma más elevada de cuidarnos a nosotros mismos, porque en este inmenso océano de la existencia no hay orillas que nos separen, sino una sola ola de amor que nos contiene a todos.

¡Nos vemos en el próximo despertar!

Dios es amor, hágase el milagro.

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