Evolución de los derechos de la mujer
Las mujeres y los hombres no somos iguales, tenemos diferencias tanto biológicas como formativas que nos hacen distintos, pero ello no debe de significar que uno, por su condición de género, tenga más derechos que el otro, pues todos gozamos de la misma valía ante la ley por el simple hecho de ser seres humanos, a eso se le llama “equidad”.
Para logar leyes equitativas, se debe legislar tomando en cuenta, precisamente, las diferencias entre mujeres y hombres, procurando un equilibrio entre ambos. Debe pues, “tratarse igual a los iguales y desigual a los desiguales”, pues sólo así puede conseguirse una real paridad y trato equitativo entre estos.
Históricamente, sobre todo por temas culturales, prejuicios y estereotipos, las mujeres han sido menospreciadas, sobajadas, humilladas, discriminadas y victimizadas por los hombres, las leyes y las instituciones, al grado de haber sido, hasta hace relativamente poco tiempo, consideradas como ciudadanas de segunda categoría, sin derecho al voto ni a acceder a trabajos, profesiones, y cargos habitualmente considerados exclusivos para los hombres.
El primer hito histórico importante a favor de las mujeres se produjo en 1789, durante la Revolución Francesa, cuando las mujeres de París, mientras marchaban hacia Versalles exigieron, por primera vez, el derecho al voto femenino.
La Carta de las Naciones Unidas, firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres.
El ocho de marzo de 1975, las Naciones Unidas celebraron por primera vez el Día Internacional de la Mujer en esa fecha.
En 2011 se creó “ONU Mujeres”, una entidad formada con el propósito de lograr la Igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.
En nuestro país, las mujeres obtuvieron el derecho a votar apenas en la década de 1950’s, sin embargo, no obstante este importante logro, no significó la reivindicación total del maltrato hacia la mujer, pues aún hoy en nuestros días siguen existiendo muchas personas, de pensamiento absurdo, machista, retrograda e ignorante que ven a las mujeres como seres inferiores, hormonalmente desequilibradas, lo que les impide ser objetivas, y en el mejor de los casos, como entes débiles y frágiles que requieren de protección especial y sólo sirven de adorno, y que por ello, son incapaces de desempeñarse tan bien como los varones en la sociedad.
No basta que las leyes y las instituciones sean inclusivas, pues para la solución de este complejísimo problema, debe también darse un verdadero cambio cultural.
Todos tenemos ante nosotros un gran reto, estamos obligados, desde nuestras casas, a educar a nuestros hijos conforme a la máxima de que las mujeres valen tanto como los hombres, que no por el hecho de pertenecer al genero femenino son inferiores, pues ante la ley, ante los individuos y ante Dios, tenemos exactamente el mismo valor.
Como siempre un placer saludarlo esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima¡