La Solidaridad
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La Solidaridad
“La solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”. Juan Pablo II.
Es claro que la presencia del valor ético y social de la solidaridad es de fundamental importancia, derivada de la inequitativa repartición de la riqueza y la injusticia social que existe en casi todas las naciones, ya que esa necesidad de ayuda de la gente requiere de la buena voluntad de las personas que profesan la solidaridad, virtud gloriosa que engrandece a quien la practica, pues esta se traduce en actos de apoyo o desprendimiento de algo para dar, a quien o a quienes lo ocupan.
La solidaridad es una expresión de cariño y compromiso hacia quienes lo requieren. Es un compromiso de ayuda a las causas de las y los necesitados. Es una virtud enorme y generosa que debe estar presente en toda comunidad y en toda sociedad humana, pues no cabe duda de que en el mundo siempre han existido y existirán seres humanos que requieran de la solidaridad de sus hermanas o hermanos.
Es lamentable que este valor humano no se encuentre presente en todos los actos de los servidores públicos y tenga que ser la sociedad civil la que realice por solidaridad -y no por obligación legal como corresponde al gobierno-, esos actos plagados de nobleza y compromiso para ayudar a quienes los requieren de manera desinteresada.
Son pocos los actores gubernamentales que profesan el valor de la solidaridad, pues los actos que realizan casi siempre van cargados de interés político o electorero, y pocas veces van impregnados de ese valor ético y universal solidario, de allí que la sociedad cada día rechace más a la política y a los políticos.
Uno de los aspectos fundamentales de la solidaridad es la sinceridad y el desapego a la recompensa por haber ejercido un noble gesto o una buena acción a favor de los necesitados, ya que cuando un acto determinado se encamina a obtener un reconocimiento, deja de ser solidario y se convierte en interesado o con algún objetivo personal, -muy válido para quien requiere de reconocimiento-, pero no se erige como un acto de solidaridad, pues la solidaridad lleva plegada así, el desinterés.
La solidaridad puede expresarse en acciones o en actos de dar y suele ser sinónimo de ayuda, defensa, fraternidad adhesión o apoyo. En ese sentido, quien es solidario apoyará desinteresadamente; defenderá una causa solidariamente; tratará a sus congéneres necesitados de manera fraternal, y se adherirá a las causas que así lo requieran.
La solidaridad es también firme determinación y compromiso profundo de luchar por el bien común, la justicia social y la felicidad de las personas y del pueblo. Si bien es cierto que la solidaridad constituye un principio básico de la concepción cristiana de la organización social y política, también lo es que, en cualquier religión u orden social, este valor debe estar presente constantemente para que tengan viabilidad y permanencia.
Tal virtud universal puede darse entre individuos, grupos, organizaciones e inclusive naciones, pues este importante valor ético y social es un eje de cohesión entre los seres humanos, inclusive, se han documentado acciones de solidaridad entre animales, lo cual constituye un ejemplo para nosotros, especialmente para aquellos que no cuentan entre sus alforjas sociales y humanas a la solidaridad como principio necesario en las personas y en las comunidades que contribuye a fortalecerlas y se erige como una vitamina o medicina que las conserva sanas y felices, de tal suerte que su ausencia, por tanto, las enfermará y proyectará a la desintegración y al fracaso en su viabilidad, como grupos, organizaciones o conglomerados sociales y aún, como personas en lo individual, pues la persona anti-solidaria vive en una amargura permanente.
Sea solidario. Seamos solidarios todos y así mejoraremos nuestro entorno familiar, social, nacional y mundial. Practiquemos los valores éticos y humanos universales por el bien de todos. En ellos está, reitero, la felicidad de las personas y de los pueblos.