La vida pública ahora

El mundo nos ha cambiado de manera tan sorpresiva y radical que no ha habido mucho tiempo para planear las acciones que exige esta nueva época: un cambio en las relaciones entre el sistema político y los ciudadanos,  permeado por la opinión pública, ese polo activo que no sólo influye, sino determina los actuares y procedimientos de quienes están al frente de los gobiernos.

 Hoy el internet a través de sus distintas plataformas conforma la plaza pública y en él se constituyen foros de discusión más auténticos que ni en las mismas cámaras de representantes, llámense diputados o senadores sucede; foros no exentos también, de boicots y manipulaciones por supuesto.

Tarde hemos llegado al punto neurálgico de nuestros sistemas políticos en el que las transformaciones de la tecnología son las transformaciones de la vida misma. La transición a un nuevo modelo de comunicación iba avanzando a su paso y tomando espacios en la vida social y política, pero la pandemia hizo que de un solo tajo se cortara la comunicación tradicional y nos lanzó de lleno al mundo virtual. No hay otra alternativa. Creíamos que estábamos preparados para ello. No es así.

Ni los jóvenes, amos y señores del conocimiento tecnológico, están demostrando que a través de plataformas se están llevando a cabo bien los procesos de enseñanza, conocen todas las aplicaciones,los vericuetos y secretos de las computadoras, pero les falta la disciplina que se requiere para utilizar todo ese conocimiento en aprendizaje.

La mutación del proceso de la vida está aquí y no precisamente muy ordenada. El caos informático que impide interpretar la verdad de la mentira, la información desbordada y lanzada de manera brutal a una sociedad mayormente  ignorante, carente de rigor reflexivo e incapaz de hacer análisis,  ha puesto al descubierto la terrible vulnerabilidad de la raza humana, no sólo por la pandemia, sino que nos ha expuesto como lo que somos. 

Los espacios públicos ahora menos que nunca son confiables, hay que repensar todo desde una lectura de las transformaciones, teniendo el valor de abrirse a nuevas ideas pero también con la desconfianza hacia los que desean manipular y someter nuestro pensamiento. Nada fácil por supuesto. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo poder reconstruir la política y la ciudadanía? Repensar, reencontrarse, porque si esto no sucede, la democracia está amenazada permanentemente. El miedo constituye su principal enemigo, puede ser que ese miedo nos remita a sentir la falsa protección de los falsos mesías que ahora aparecen en todas partes.

La esfera pública electrónica no es sólo un lugar donde sólo se emite información, sino también donde se construye opinión y esa opinión usualmente se contrapone a las instituciones. Es un imaginario democrático aunque no pueda  comprobarse la realidad de que detrás de esa opinión esté un ciudadano de carne y hueso, pero aún así, pareciera que esto nos lleve a la pregunta, ¿ Qué tan importante es ahora la democracia representativa? Me refiero a diputados y senadores.

Esta pregunta o reflexión nos coloca definitivamente en los espacios de cuestionamientos muy serios acerca de nuestra organización social y política, cuestionamientos que de alguna manera no son nuevos pero que han tomado una dimensión desproporcionada en estas épocas de confinamiento. La democracia de opinión es hoy por hoy, una modalidad cultural de la construcción de lo público, donde está opinión pública, ligada a la publicidad, al “marketing político ” las encuestas y los sondeos es lo funcional y lo que hay.

No reconocer que el espacio tecnológico define nuevas percepciones de la vida es tardarse más en buscar las nuevas formas de hacer políticas porque es claro que las formas clásicas han sido rebasadas. La videopolítica desacraliza la política misma y se establece una distancia menor entre ciudadanos y gobernantes. Muchos  obligados tomar algún curso que actualice sus lenguajes y modos de comunicación porque la televisión exige cualidades extras. El ejemplo del subsecretario de salud López Gatell e incluso de Marcelo Ebrad son muestra de ello, el conocimiento aunado a la imagen.

El tren de la modernidad va demasiado aprisa, algunos no podrán alcanzarlo.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com