Mi Padre

Sociedad y Derecho

¡Cuando pienso en mi Papá, me invade una sensación de orgullo tan grande, que hace que me sienta la persona más afortunada del mundo por ser su hijo.

Tengo la gran fortuna de tener a mi Padre todavía conmigo, quien a sus 82 años está más fuerte y lúcido que nunca. 

Pienso que todos, en ciertos momentos de nuestras vidas, tomamos a alguien a quien admiramos, como modelo y ejemplo a seguir, para mi esa persona es mi Padre.

El licenciado y notario Juan Bautista Lizárraga Osuna, quien desde hace más de 50 años ejerce el noble oficio de la fe pública, lo que sigue haciendo hasta la actualidad con la vitalidad de una persona de 20 años de edad.

Mi Padre se destaca por mucho, por su alto nivel cultural y conocimientos, su honestidad, responsabilidad y el amor y respeto que le tiene a su profesión.

Menciona un dicho popular que “el ejemplo no es la mejor manera de educar, sino que es la única” y es verdad. 

Durante toda mi vida he visto a mi Padre levantarse cada mañana para ir a su trabajo, así estuviera enfermo, fueran fines de semana o días festivos, siempre sin falta ha cumplido con su responsabilidad.

Recuerdo muy bien lo orgulloso que me sentía de mi Padre. Él para mi en mi infancia, no era una persona común, era alguien superior, un “señor licenciado”, más sabio que el resto de las personas, que ayudaba a la gente en problemas y a quien los demás siempre trataban con respeto y cortesía. 

Ahora, con el paso de los años, siendo yo también padre, me doy cuenta de lo difícil que seguramente fue para mi papá mantenerse siempre fuerte y sólido, ser el pilar de toda su familia, en el que todo nos sosteníamos en nuestros momentos de sufrimientos y aflicciones, dándonos siempre su apoyo, dejando a un lado sus propios problemas. 

Ser Padre no solo es el hecho biológico de engendrar. Eso cualquiera lo hace sin mérito alguno. Ser Padre es, en realidad,  un título qué hay que ganarse. Requiere más esfuerzo y trabajo que cualquier otro grado profesional.  Implica dar amor, Proteccion, imponer castigos y corrección aunque duela más al papá que al hijo que lo recibe, ser un guía aunque nosotros mismo no sepamos con exactitud el camino. Dar sin esperar reconocimiento, dar aún y cuando se reciban a cambio reproches y reclamos.  

Mi papá es el ejemplo vivo de lo que estoy diciendo. Lo admiro, lo amo y lo respeto porque como Padre pasó la prueba con creces, obtuvo el título con mención honorífica. 

Sigo viendo a mi Padre de igual manera que cuando era un niño, y sintiéndome más orgulloso de él que nunca.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!