Ni Jesucristo se salvó de los impuestos

“¿De quién es esta figura y esta inscripción?”

Los impuestos han ido de la mano del ser humano desde el origen de las civilización. Incluso, en la biblia encontramos referencias de estos, en Mateo, capítulo 22, versículos 15 al 21, cuentan que, los fariseos aliados con los herodianos (amigos del régimen romano), le dirigen una pregunta capciosa a Jesús con el ánimo de engañarlo, al cuestionarle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, dinos: ¿Es lícito pagar impuestos al César? ” Si Jesús respondía que sí, lo podían acusar de colaborar con los romanos, enemistándolo de esa manera con el pueblo judío. Si por el contrario, respondía que no, podía ser acusado de rebelde ante las autoridades romanas, lo cual se penaba en algunos casos, hasta con la muerte.

Jesús se da cuenta de la intención tramposa de los fariseos y herodianos, cuestionándoles respecto a la moneda de la época: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?” a lo que ellos respondieron: “Del César”, replicándoles entonces Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. De ahí la irónica broma de que, *los impuestos son tan fatales que ni Jesucristo se salvó de pagarlos*.

En nuestro país, el fundamento legal para el pago de impuestos lo encontramos en el artículo 31 fracción IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual dispone que, todos estamos obligados a *contribuir* con el gasto público, mediante el pago de impuestos, derechos, contribuciones de mejoras y aportaciones de seguridad social, teniendo como máximas, que estos sean equitativos y proporcionales.

Lo que se recauda en contribuciones debe ser implementado para solventar las necesidades más apremiantes de la nación, tales como el sostenimiento de la estructura administrativa gubernamental y la administración e impartición de justicia, así como la seguridad nacional, seguridad pública y seguridad social, es decir, del ejercito, policías, hospitales, escuelas, servicios y obras públicas y, en fin, todo lo necesario para el sustento del país.

El problema se genera cuando las leyes impositivas son inequitativas y desproporcionales, además del gravísimo inconveniente de que los recursos recaudados no se implementen para el fin constitucional para el que fueron creados, sino que vayan a parar a los bolsillos y al sostenimiento del tren de vida de lujos y excesos de los políticos y funcionarios corruptos, o a sus proyectos políticos, terminando estos dineros en programas populistas que en nada ayudan al crecimiento y desarrollo económico de la nación, ni al mejoramiento de la calidad y nivel de vida de los mexicanos, cosa que por desgracia, ocurre con bastante habitualidad en nuestro país.

Pagar impuestos no es malo, al contrario, todos tenemos la deber de contribuir de acuerdo a nuestro nivel de ingresos, lo malo es que el producto de estos no se aplique debidamente, y es ahí precisamente en donde los contribuyentes cumplidos podemos, y debemos, exigir a nuestras autoridades rendición de cuentas claras y transparentes respecto al uso que se le de a ese dinero, que no es de ellos, sino del pueblo.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de interés ¡Hasta la próxima!