No esencial

La pandemia nos ha obligado a aprender y desarrollar nuevos hábitos

Por quince meses ha permanecido cerrada la frontera para los viajes no esenciales, un hecho que -hasta antes de la aparición del coronavirus- parecía poco menos que imposible.  

La pandemia nos ha obligado a aprender y desarrollar nuevos hábitos; el uso del cubre bocas, el distanciamiento social, comprar y turistear localmente.  Los motivos que llevaron al cierre parcial de la frontera han sido frecuentemente cuestionados, porque el flujo permaneció siempre abierto en el sentido opuesto, además que sus efectos han sido fulminantes para el comercio y el turismo.

Este domingo fue anunciada nuevamente la extensión de la restricción, al menos hasta finales de julio.  La disparidad en el avance de la vacunación, en uno y otro lado de la frontera, no permite todavía el regreso a una relativa normalidad.

California ha vacunado ya a más de la mitad de su población y levantó casi todas sus restricciones para la congregación social, mientras que de este lado sigue activa la cadena de contagio y apenas está en curso la aplicación masiva entre personas mayores de 18 años.  La dotación de vacunas donada por el gobierno de Estados Unidos (un gesto solidario de nuestros vecinos) puede alcanzar para lograr la anhelada reapertura.  Habrá qué esperar un poco más y seguirnos cuidando, paciencia.

En el plano nacional, sorprendió el anuncio de la cancelación de las conferencias vespertinas, que encabezaba el controvertido y poco esencial doctor Hugo López Gatell, al tiempo que la Ciudad de México y otras siete entidades volvieron repentinamente al semáforo amarillo, tan pronto pasaron los comicios.  

México se mantiene firme en el cuarto lugar mundial en número de muertes por Covid-19, con un total a la fecha de 231 mil 151; por encima de lo que reportan países como Indonesia, Pakistán, Bangladesh y Nigeria, con mayor población que México y niveles considerables de pobreza.

Ha llamado la atención la elevada tasa de letalidad en México, es decir, es más alto el porcentaje de personas que mueren después de contraer la enfermedad que en otros países.  Después de un trágico mes de enero, cuando alcanzamos 1,350 defunciones en un solo día, la tendencia se mantuvo consistentemente a la baja hasta junio, que vuelve a registrarse un repunte.    Está en nosotros evitar que se convierta en la temida tercera ola.  

Tenemos claro que la mortalidad ocasionada por el coronavirus tiene relación directa con males crónicos como la diabetes, la hipertensión, la obesidad y hasta la ignorancia, pero no por ello se liberan de responsabilidad los encargados del manejo de la pandemia.  

No se olvida que el gobierno de México reaccionó tarde y con negligencia, cuando el virus comenzaba a esparcirse por el mundo.  Miles de muertes pudieron evitarse, si el doctor López Gatell se hubiera asumido desde un principio como el epidemiólogo que es, antes que ponerse a jugar a la política, para quedar bien con su jefe.