Para volver a volver…
Después de intentarlo en varias ocasiones, nunca fue suficiente, aceptar un no como respuesta mantendría insatisfecha la venganza o el deseo, si era necesario, tendría que pasar por encima del buen juicio, el sentido común y la sentencia de las leyes, que una y otra vez insistían en negarle su insistencia, pero estaban equivocadas porque los astros, la diosa fortuna, la alineación planetaria, la convicción de la cortesanía política que lo rodeaba y la bien amada complacencia de su mentor eran las señales, “él tenía otros datos”.
Con el 13% de buenas intenciones a sus espaldas, decidió abalanzarse sobre el 87% de las indecisiones, que no intentaron siquiera expresarse, para arrebatar al mejor estilo de los cuarenta ladrones, el botín que nunca estuvo a su alcance, pero que siempre estuvo dispuesto y solicito a apropiárselo, sin que mediara el mas mínimo de los remordimientos o el más absurdo
sentido ético.
El dinero, la ambición y el sentimiento de venganza que subrepticiamente acordonaron su ascenso, fueron quienes azuzaron sus insanos deseos y sugirieron tan audaz desplante, para demostrar su disciplina y displicencia ante su mentor, acortándole los tiempos y allanándole el camino hacia la iluminación de su pueblo digno y sabio, que cansado de las frivolidades y los
arrebatos carnales de sus gobernantes, decidió darle una oportunidad.
Al mejor estilo de los vencedores, decidió reescribir la historia enfundada en el argumento de que dos años no son suficientes, sin embargo, la pregunta persiste: ¿No son suficientes para qué? Pero aun sin respuesta, logró convocar a los ángeles que serian expulsados del paraíso, bajo la promesa otorgarles la redención pecuniaria o legal según fuera el caso, para que su estadía en el páramo de la ignominia, fuese sino placentera, al menos poco desagradable.
La noche de su mal, ha sido el día de interminables ríos de tinta, horas de intensa e insana discusión política, pontificaciones coherentes o absurdas, especulaciones desconcertantes y acertadas, debates descarnados entre tirios y troyanos, así como más de una exclamación de perplejidad ante la calificación de la descalificación, donde lo único cierto es la incertidumbre de hacer lo correcto.
Porque, hacer lo correcto sería aceptar la premeditación, alevosía y ventaja de las agendas ocultas de sus aliados, que no atinan a asomar sus argumentos, salvo para repetir una y otra vez el mismo guión que los mantiene al filo de la maledicencia, rogando a las cortes celestiales para que la solución responda a sus esperas, desvelando la incertidumbre y satisfaciendo sus deseos de abrazar nuevamente la dicha inicua del poder político por cinco años.
¿Cuál será la duda? No tener una nueva y mejor oportunidad o pensar que se trata de la última estación de un tren que hace muchos años no pasaba por ahí o la somnolencia de la borrachera que empezó una noche del mes de julio de 2018 o la simple y llana sed insaciable, que los veranos calurosos de Mexicali le provocan hasta al más hidratado de los jóvenes.
La incongruencia es solo un camino de ida, no tiene vuelta, es mas es un callejón sin salida de esos que abundan en la negación de la realidad, que una y otra vez se encarga de abofetear el rostro de quienes absurdamente, todo lo califican a partir de sí mismos, por considerarse una verdad absoluta, impoluta e imperecedera.
Sin embargo, a pesar de todo, nadie está dispuesto a hacer lo correcto, es más fácil descifrar los secretos de la Virgen de Fátima, que devolverle la dignidad a los entuertos y que el mal dure 100 años, aunque no haya nadie que resista, por fortuna llevamos ya 40 años de una transición intransitable, solo nos faltan 60 para que ese mal se termine (esperemos), a pesar de
nosotros mismos.
El insaciable e insano deseo del poder por el poder, dejo atrás los relatos de redención que ofrecían las religiones, la búsqueda de la felicidad que proponía la filosofía, el poder como instrumento para mejorar la humanidad de las románticas teorías políticas, hoy solo basta con el deseo de un solo hombre y la capacidad de una cartera, para legitimar las tentaciones, saciar las ambiciones, legalizar lo ilegal o expulsar a los inmigrantes que aceptan trabajos que nadie quiere.
¿Cómo lograr el país distinto y mejor que necesitamos? Podremos no coincidir, pero vale la pena escucharnos.