PREOCUPACIÓN POR UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL
El pasado viernes 10 de enero, Irán reconoció que su ejército derribó, “por un error
humano” al Boeing 737-800, un avión de la aerolínea Ukraine International con
176 personas a bordo. En un principio el régimen de Teherán lo había negado y
hasta llegó a ofrecer acceso a las cajas negras a los países implicados, es decir
aquellos de donde eran originarios los pasajeros que perecieron: Canadá (57),
Ucrania (11), Suecia (10), Afganistán (7) y Gran Bretaña (3). En el derribo del
avión murieron también 82 iraníes.
La caída de la aeronave ucraniana encendió nuevamente las alarmas, tal como
sucedió el pasado 3 de enero, cuando el posible estallido de una Tercera Guerra
Mundial se convirtió en tendencia en redes sociales, por el temor –para algunos
infundado– de una posible confrontación que podría darse entre Irán y Estados
Unidos, luego de que por órdenes del presidente Donald Trump fuera eliminado
Qasem Soleimani, general de la Guardia Revolucionaria iraní y creador de un eje
chiita de poder a lo largo de Medio Oriente.
Con este tipo de preocupaciones comenzamos el 2020, y en medio de los
comentarios y memes en redes sociales –muchos de ellos divertidos–
ocasionados por el tema, volvieron a sonar las predicciones que en 1568 hiciera
Michel de Nôtre-Dame, el astrologó y físico más leído en el Renacimiento,
conocido por el mundo como Nostradamus, quien predijo –según los “expertos”–
que “el 2019 sería un año de miseria para la humanidad, tras el conflicto bélico de
la tercera guerra mundial entre dos superpotencias y que durará alrededor de 20
años".
La tensión entre Estados Unidos e Irán disminuyó un poco cuando el mandatario
de Estados Unidos, tras dar a conocer que no hubo bajas estadunidenses en los
ataques de Irán contra bases militares aéreas en Irak, tendió su mano al régimen
de Teherán, buscando lograr la anhelada paz. La condición del gobernante
republicano es que haya un cambio en las posturas de Teherán “a favor del
terrorismo”.
Respecto al tema del terrorismo, un día antes del gesto de Trump en favor de la
paz, “el parlamento iraní votó una ley que designa como “terroristas” a todas las
Fuerzas Armadas de Estados Unidos, en respuesta al asesinato del general
Qasem Soleimani por un misil disparado desde un dron estadounidense”, esto
según una nota con información de las agencias AFP y EFE.
A la par de estos acontecimientos, el gobierno mexicano fijó su postura a favor del
diálogo en Medio Oriente. “No a la guerra, sí a la paz”, expuso el presidente
Andrés Manuel López Obrador en su conferencia de prensa matutina del pasado 8
de enero, y sobre el tema abundó: “Tenemos que procurar que haya diálogo, que
se busque un entendimiento, que no se recurra al uso de la fuerza, no a la guerra
y esa es la postura de nuestro país”.
La humanidad espera el triunfo de la mesura y el fin de todo tipo de provocación
que ponga en riesgo la paz mundial, porque cualquier guerra, aunque no llegue a
ser mundial, afecta de manera considerable a los seres humanos, y no sólo a los
militares que participan activamente en ella. El estudio “La guerra como desastre.
Sus consecuencias psicológicas”, proporciona cifras que deberían estimular a la
cordura a los gobiernos del mundo: “En más de 100 conflictos bélicos que se han
producido en los últimos diez años, más del 80 por ciento de las víctimas son
civiles”.
La investigación antes mencionada señala que las guerras traen consigo
afectaciones de carácter político, económico, cultural, social y de salud. Estas
confrontaciones, que empiezan “con el propósito de controlar recursos naturales,
por razones religiosas o culturales, por mantener o cambiar las relaciones de
poder, para dirimir disputas económicas o territoriales”, terminan complicando la
situación de los pueblos que se ven envueltos en ellas.
La guerra lo complica todo, incluso aquella que se hace en nombre de la paz.
Ejemplo de ello son las dos guerras mundiales del siglo XX, las cuales dejaron
grandes extensiones de Europa en ruinas. La historiadora española María Rosario
Ruiz Franco califica a estos conflictos como “capítulos trágicos de nuestra historia
[que] se caracterizan por ser guerras totales, en donde los habitantes de los
países beligerantes se verán afectados y movilizados directamente como nunca
antes en la historia”.
Las consecuencias de las guerras son verdaderamente dolorosas: pobreza
extrema, sufrimiento inenarrable, incontables daños psicológicos, millones de
personas muertas, lisiadas y mutiladas.
Por los daños de estas guerras, la humanidad no puede permitirse el estallido de
una guerra más, mucho menos de una tercera guerra mundial, la cual implicaría a
potencias nucleares, con el uso de armas de destrucción masiva, que incluyen
armas químicas, biológicas y radiológicas. Estará de acuerdo conmigo, estimado
lector, que esto no lo quiere ningún ser humano.