Psicoterapeuta

“La autoestima baja es como conducir por la vida con el freno de mano puesto”; Maxwell Maltz

HOLA AMIGAS Y AMIGOS:

Es un placer estar en contacto con ustedes cada semana a través de esta columna “Frente al Espejo”

El tema de hoy es “El Síndrome de Wendy”

El síndrome de Wendy es un trastorno en el cual existe una necesidad absoluta de satisfacer al otro, de darlo todo por él, olvidándose incluso de sí mismo. Y a la hora de mencionar al otro, por lo general es su pareja, y en personas que son madres también los hijos, la persona tiene la necesidad de complacer a los demás, buscando la aceptación.

Su inseguridad permanente les hace ser serviles con los demás. Un conjunto de comportamientos y sentimientos que se asocian también con el famoso síndrome de Peter Pan, que el psicólogo Dan Kiley registró en 1983 aplicado a los individuos que no quieren crecer y del cual hablamos en la columna pasada.

Es común que un Peter Pan requiera o tenga a una Wendy que realice lo que él  no desea resolver por falta de responsabilidad e inmadurez. Los comportamientos no solo están presentes entre la pareja, también se dan entre un padre e hijo, entre hermanos, y en las relaciones de amistad.

Los comportamientos que nos indican con claridad que una persona sufre el síndrome de Wendy son los siguientes:

*La persona se siente esencial.

*Conciben el amor como sacrificado y sufrido.

*Son muy emocionales y sumisos.

*Evita cualquier cosa o circunstancia que pueda molestar a las personas de su alrededor.

*Si no sabe o puede realizar una acción, pide disculpas aunque no sea su responsabilidad llevarla a cabo.

*Protege excesivamente a las personas de su alrededor: sus vidas son recortes de las vidas de otros.

*Siente necesidad de cuidar al prójimo.

También es bueno aclarar que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos llevado a cabo alguno de estos comportamientos. La diferencia consiste en que la persona aquejada del síndrome está motivada verdaderamente por el miedo a ser abandonada.

El origen no depende de un solo factor. Puede derivarse de la educación recibida, de las experiencias de vida, de las características personales  o de las circunstancias presentes en las que se encuentra la persona. Se comienza a manifestar a finales de la adolescencia.

La solución al problema se puede resumir en “aprender a decir no”. Para conseguirlo, es muy recomendable que se lleven a cabo varias sesiones de psicoterapia.

No hay que olvidar que darlo todo por los demás sin tenerse en cuenta, sin quererse, puede acabar provocando un vacío inmenso. Y esa situación, a la larga, acabará desembocando en frustraciones e insatisfacción.

“La autoestima baja es como conducir por la vida con el freno de mano puesto”

 Maxwell Maltz