Tómelo con Calma

La Comunicación rueda en las Canchas. Quien no juega en equipo, no alcanza metas: León XIV. El balón rodó y la Copa del Mundo inició en México.

Hace 55 años, el Mundial de 1970 se contó con linotipo, y voz. La noticia nacía en plomo, sudaba tinta, y llegaba al lector horas después, con la frialdad del papel. La radio era el único hilo en vivo: un narrador, un micrófono, y millones imaginando el gol. La comunicación era lenta, vertical y escasa. El público escuchaba y asentía. No contestaba. Dieciséis años después, México 1986, aceleró el pulso: la televisión a color convirtió al planeta en estadio. La imagen viajó por satélite, y el mundo entero vio el mismo remate al mismo segundo. Ya no se contaba el partido: se mostraba. Pero seguía sin haber diálogo. El televidente veía, se emocionaba y apagaba la tele. Emisor y receptor seguían en lados distintos de la pantalla.

Hoy 2026 es otra velocidad. El algoritmo no pregunta, dispara. Las redes sociales convirtieron a cada aficionado en reportero, a cada celular en cabina de transmisión. La noticia corre más rápido que Mbappé: nace, se viraliza, se distorsiona, y se olvida en minutos. La comunicación ya no es vertical ni solo imagen: es conversación permanente, sin árbitro y sin tiempo extra. Paradójico entonces que México, Estados Unidos, y Canadá, lleguen a este Mundial sin una estrategia conjunta de comunicación y prevención. 

Tenemos la tecnología más poderosa de la historia, pero tres vocerías separadas. Mientras el Meme y la Burla cruzan fronteras en segundos, nosotros seguimos respondiendo país por país. En 1970 faltaba velocidad. En 1986 faltaba voz. En 2026 nos sobra velocidad... y nos falta coordinación. Y en un Mundial, donde la desinformación mete más goles que cualquier delantero, llegar desarticulados es jugar con 10, desde el minuto uno.

Tómelo con atención.-  León XIV llevó al corazón de Barcelona una metáfora, que no admite traducción: "quien no sabe pasar el balón, no puede hacer equipo". Desde un púlpito que miró de frente a una sociedad fragmentada, el Papa no habló solo de fútbol. Habló de política, de empresa, de familia, y de Iglesia. En una ciudad donde el individualismo se celebra como talento, y el pase se ve como renuncia, el mensaje fue incómodo y necesario: el bien común no se construye con cracks aislados, se construye con jugadores que entienden que el gol nunca es solo de quien remata. En tiempos de trincheras ideológicas, y liderazgos de ego, León XIV recordó que la grandeza, no está en acumular protagonismo, sino en saber cederlo a tiempo.

El acierto del mensaje fue aterrizarlo en la calle. Barcelona entiende de juego colectivo. Lo inventó en sus canchas, y lo sufre cuando lo olvida. Por eso caló: porque no fue moralina abstracta, fue diagnóstico social. León XIV le dijo a empresarios, políticos, y ciudadanos, que una sociedad que no pasa el balón termina jugando sola... y perdiendo todos. La Iglesia, con ese lenguaje, vuelve a hablarle al mundo sin latinajos, ni condena: con imagen, con cancha, con realidad. Y deja una frase que trasciende el sermón: si no aprendemos a pasar, no habrá equipo que aguante. Ni en el Camp Nou, ni en el Congreso, ni en la vida.

Tómelo con interés.- Hubo bloqueos, hubo pancartas, hubo descontento en las calles. Pero también hubo silbatazo inicial. El Mundial arrancó y el balón rodó en las canchas nacionales, recordándonos que el país puede vivir dos realidades al mismo tiempo: la que reclama y la que celebra.

Nada detuvo el torneo. Ni la política, ni la protesta. Los aficionados llegaron, las selecciones jugaron, y el fútbol hizo lo suyo: dar una tregua de 90 minutos. Porque aquí, pase lo que pase, cuando el balón rueda, México se detiene a mirar.

Twitter: @Fernando MoraG

Facebook: Fernando Antonio Mora

*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.

*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.

*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.