Tómelo con Calma
La eliminación de México de la Copa del Mundo 2026, abre inevitablemente, un flanco de riesgo reputacional. La crítica fácil, el meme, y la exigencia de cabezas rodando, son parte del ritual cada cuatro años. Pero esta vez el contexto es distinto: la Selección perdió 3-2 ante Inglaterra, sí, pero se fue compitiendo, con reacción, y con identidad. El riesgo hoy no es la derrota deportiva; el riesgo es que directivos, patrocinadores y medios desperdicien el capital anímico, que el equipo construyó. Si el mensaje institucional se queda en disculpas huecas, o en deslindes, la afición leerá simulación. La ruta para mitigar ese riesgo es una sola: transparencia total. Reconocer errores de planeación, explicar decisiones técnicas y, sobre todo, poner al centro el esfuerzo del vestidor. Cuando la narrativa oficial coincide con lo que la gente vio en la cancha, la reputación se protege sola.
El segundo paso es capitalizar. Este grupo de seleccionados, nos dejó una cátedra de trabajo en equipo, y liderazgo bajo presión. Después del minuto 38, con dos goles en contra, no hubo reclamos: hubo jerarquía, comunicación, y un objetivo común. Esa es la historia que Federación, marcas, y gobierno, deben amplificar, porque conecta con el México que queremos ser. El liderazgo que se vio en la cancha —repartido, sin caudillos, con compromiso—, es el modelo a replicar en empresas, escuelas, y política pública. Si convertimos esa actuación en caso de estudio, en campaña de valores, y en estándar de exigencia interna, la eliminación deja de ser fracaso, y se vuelve activo. El reto no es ganar siempre; el reto es que cuando se pierde, se pierda dejando un manual de cómo volver a intentarlo juntos.
Tómelo con interés.- La Universidad Nacional, como actor técnico y legitimador histórico, en la planeación del Valle de México, vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural: la fragmentación. Desde 1943, cuando se eligió el Pedregal de San Ángel para Ciudad Universitaria, la UNAM entendió que los grandes proyectos urbanos, exigen visión de cuenca, no de predio. Hoy, el Valle de México es un sistema de 21 millones de habitantes, 16 alcaldías, 60 municipios, y tres entidades federativas sin un gobierno metropolitano vinculante. Estratégicamente, cualquier plan que no ataque primero la gobernanza, está condenado a ser un catálogo de buenas intenciones. La UNAM ha documentado que los "retos de la ZMVM, pasan por coordinación intergubernamental, administración del desarrollo metropolitano, y manejo de agua con enfoque de cuenca. El riesgo reputacional para el Estado es alto, si se presenta otro diagnóstico sin un rediseño institucional, que obligue a corresponsabilidad presupuestal y técnica.
Desde el punto de vista de estrategia, el valor del planteamiento universitario está en tres ejes que deben traducirse en política pública ejecutable. Primero, planeación prospectiva: la UNAM forma en escenarios como futuros alternativos, y planeación estratégica prospectiva, no solo en reacción a crisis. El Valle requiere escenarios a 30 años de agua, movilidad, y suelo, con indicadores medibles, y revisiones quinquenales. Segundo, infraestructura viva: el coloquio de Arquitectura UNAM, ya advierte que parques y áreas verdes no son adorno, sino infraestructuras, que sostienen procesos ecológicos y bienestar colectivo. Estrategia significa presupuestar paisaje como seguridad hídrica. Tercero, escala de cuenca: el rescate de cuerpos de agua en el Valle, solo funciona si se entiende como sistema, no como obras aisladas. El éxito se medirá cuando un presidente municipal no pueda inaugurar un pozo sin coordinarse con CDMX, e Hidalgo. Si el plan presentado hoy por la UNAM empuja esa lógica —, datos abiertos, autoridad metropolitana con dientes y cartera de proyectos, con costo-beneficio—, entonces trasciende el papel, y se vuelve hoja de ruta. Si no, será solo otro vestigio de futuro.
Tómelo con atención.- El sector inmobiliario mexicano entró al 2026 con músculo. Ocho de cada diez inversionistas, planean mantener o aumentar su apuesta en bienes raíces este año, según la Encuesta de Sentimiento de Inversión de CBRE, y el valor de las ventas, podría escalar hasta 30,000 millones de dólares con un crecimiento anual de 4% a 6%. La base es más sólida que en 2025: inflación contenida en 3.6%, expectativa de PIB de 1.2%, y una política monetaria menos restrictiva, que reactiva el crédito. El repunte tiene cara urbana, y logística: Ciudad de México concentra 40% de las preferencias de inversión, Monterrey se mantiene estable con 25% , y el segmento industrial-logístico lidera con 35% de la intención de capital, apuntalado por una absorción neta de 2.46 millones de m² solo en el tercer trimestre de 2025. Vivienda, turístico y usos mixtos, completan el portafolio donde el gobierno busca detonar el Plan México, y el Programa de Vivienda del Bienestar.
Pero el crecimiento viene con disciplina, no con euforia. El mercado ya no premia la especulación sino la selectividad: los precios de vivienda subieron 4.4% en enero, y 4% en febrero, mientras la escasez de inventario empujó plusvalías cercanas a 6% en 2025, con apenas 3% más de unidades comercializadas. La señal de alerta está en el norte: los parques industriales muestran sobreoferta, vacancias cercanas a 10%, y ajustes de renta de hasta 30%, por la incertidumbre del T-MEC, y las revisiones anuales. Aun así, la estrategia dominante es tipo "barbell": activos core como ancla de bajo riesgo, combinados con apuestas oportunistas en data centers, retail, y vivienda multifamily. El reto para el segundo semestre, es convertir el apetito de capital en oferta real. Con costos de construcción altos, trámites lentos, y rezago habitacional, el repunte solo será sostenible si la facilitación de licencias, y la certidumbre regulatoria, acompañan al dinero. De lo contrario, el boom de inversión, chocará con el cuello de botella de siempre: la falta de producto.
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Facebook: Fernando Antonio Mora
*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.
*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.
*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.