Tómelo con Calma
La toma de espacios en la Alcaldía Cuauhtémoc por parte de Claudia Sheinbaum y Clara Brugada, se articuló en dos frentes: por un lado estableciendo el FIFA Fest en el zócalo de la Ciudad de México; por otra parte, el Gobierno de la Ciudad de México, ha montado más de 30 pantallas, para que la población de la Ciudad, pueda ver los partidos de la Selección Nacional, y disfrutar de la fiesta del futbol; sin embargo el tema va más allá del Mundial de Futbol; en lo institucional, desde el Gobierno de la Ciudad, Brugada mantuvo el control de programas sociales clave, y la relación con bases territoriales de Morena que operan en la demarcación, lo que ha limitado el margen de maniobra de Alessandra Rojo de la Vega, para construir estructura propia. A nivel federal, Sheinbaum usó la proyección de la Presidencia, para respaldar políticamente a Brugada, y alinear a dependencias como Bienestar, y Seguridad en la demarcación, desplazando la narrativa de gestión local de la alcaldía. El resultado ha sido un cerco político, donde las decisiones de alto impacto —desde operativos hasta anuncios de obra—, se originaron en el gobierno federal.
La posición de Alessandra Rojo de la Vega, se debilitó por tres factores: primero, llegó con una estructura partidista fragmentada, tras su ruptura con el bloque opositor, sin operadores territoriales consolidados, en colonias clave como Roma, Condesa o Guerrero. Segundo, el presupuesto y las facultades de las alcaldías en CDMX, dependen en gran medida del gobierno central, por lo que Brugada pudo frenar o condicionar proyectos locales. Tercero, la estrategia mediática desde Palacio Nacional, y el Antiguo Ayuntamiento, priorizó el discurso de "transformación desde arriba", presentando a la alcaldía como un eslabón administrativo, más que como un contrapeso. Así, sin control de recursos, sin narrativa propia, y sin territorio blindado, la alcaldía quedó expuesta a que la agenda la marcaran Sheinbaum y Brugada.
Tómelo con atención.- El Frente opositor vive su momento más débil, no por falta de votos, sino por ausencia de proyecto, y rostros que lo encarnen. Tras la derrota de 2024, los partidos que lo integran regresaron a su lógica de feudos: el PAN peleando dirigencias estatales, el PRI administrando lo que le queda de estructura, y el PRD prácticamente extinto. No hay un liderazgo nacional que articule discurso, ni figuras con autoridad moral, para convocar a la sociedad civil que salió a marchar en 2023. Sin cuadros competitivos en plazas clave como CDMX, Edomex, o Veracruz, y con sus principales activos desgastados, por escándalos o retirados de la contienda, el Frente quedó sin voceros. Esa orfandad de liderazgos, dejó a la oposición sin capacidad de marcar agenda, ni de capitalizar errores del oficialismo.
El vacío opositor se traduce en vía libre para Morena. Sin contrapesos visibles, el partido en el gobierno impone narrativa, opera programas territoriales sin competencia real, y coopta liderazgos locales que antes eran de la oposición. La falta de actores clave que den la batalla mediática, y en calle permite que Claudia Sheinbaum y las gubernaturas morenistas, administren el conflicto interno sin costo externo. Mientras el Frente no resuelva su crisis de identidad, —ni se define como derecha liberal, ni como centro socialdemócrata, ni construye nuevos perfiles—, Morena seguirá avanzando en alcaldías, congresos, y en la sucesión de 2030, con mínima resistencia. La oposición no perdió por fuerza del rival: perdió por no presentarse a la pelea.
Tómelo con interés.- Los últimos tres años, han dejado claro que el cambio climático ya no es una amenaza futura: es el agua hasta las rodillas en Ecatepec, el desborde del Tula en Hidalgo, los socavones en Puebla, y el colapso del drenaje en el Valle de México. Las lluvias atípicas dejaron de ser atípicas para convertirse en la nueva normalidad. Cada temporada supera a la anterior en intensidad y daños, pero la respuesta oficial sigue anclada en la reacción, no en la prevención. Se despliegan brigadas cuando ya hay damnificados, se reparten despensas cuando las familias perdieron su patrimonio, y se anuncia el desfogue de presas cuando las colonias ya están bajo el agua.
Tres años de inundaciones récord, y seguimos sin ver un plan metropolitano de drenaje profundo, sin obras de contención en zonas de riesgo, y sin actualizar los atlas de vulnerabilidad. La ausencia de medidas preventivas, convierte cada tormenta en una crisis anunciada. Mientras se discute si la causa es 100% cambio climático, o también falta de mantenimiento, las familias de Chalco, Tlalnepantla, Ixmiquilpan y Cholula, pagan la factura. No hay coordinación real entre Conagua, estados y municipios, para desazolvar a tiempo, reubicar asentamientos irregulares, y buscar generar una cultura que cambie la forma de pensar, y actuar de la población ante la fuerza del agua.
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Facebook: Fernando Antonio Mora
*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.
*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.
*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.