Un recordatorio de lo que somos

El mundo entero lo vio a Bad Bunny bailar, cantar y celebrar lo que somos

Admito que no soy fan de dicho estilo, pues no es el tipo de música que suelo consumir. Sin embargo, cuando el artista puertorriqueño Bad Bunny subió al escenario del Súper Tazón y ofreció un espectáculo prácticamente entero en español, lo que vimos no fue solo un concierto: fue un acto de amor y de pertenencia.

Aunque ya grandes artistas hispanas como Gloria Estefan, JLo y Shakira habían hecho lo propio en su momento, por primera vez en la historia de este evento global, un músico interpretó su repertorio completamente en nuestra lengua, abrazando con orgullo raíces, ritmos y una identidad que millones llevamos en la sangre.

El mundo entero lo vio bailar, cantar y celebrar lo que somos: una mezcla de historias, de resiliencia, de sabor, de alegría y de memoria. No fue simplemente música: fue la celebración de una cultura que nunca se ha escondido, aunque muchas veces ha sido ignorada o subestimada.

Ese acto artístico es también una reivindicación de quienes han migrado, de quienes un día cruzaron fronteras en busca de oportunidades, de quienes han aprendido a trabajar duro y contribuir con sus manos y su corazón allá donde han llegado, y de la historia reciente de Puerto Rico. 

La música de Bad Bunny no solo representa a quienes lo siguen por sus ritmos y letras, sino también a las generaciones de inmigrantes que han enriquecido con su presencia la cultura de muchos países. La música en español en uno de los escenarios más masivos del planeta es una forma de decir: aquí estamos, y nuestra voz también cuenta.

El idioma —tan rico y vibrante— no es un obstáculo; es un puente. Un puente que convoca a la comunidad, que une memorias, que celebra la diversidad que habita en cada corazón latino. Y en esos minutos de espectáculo vimos más que luces y ritmos: vimos dignidad, raíces y esa fuerza vital que brota de quienes han enfrentado desafíos con creatividad y coraje.

Los inmigrantes no solo aportan trabajo, energía y talento: aportan visión, sentido de comunidad y cultura, por lo que más allá de modas o críticas efímeras, lo que quedará en la memoria es simple y enorme: la música puede unir, y cuando se expresa desde la autenticidad de quien ama su historia.

Dios es amor, hágase el milagro.

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