Keiko Fujimori se asegura la victoria en Perú con ventaja irreversible

Con el 99,8% del escrutinio, la derechista supera por estrecho margen a Roberto Sánchez, quien denuncia fraude y rechaza reconocer el resultado electoral.

Tijuana, 24 de Junio. - La derechista Keiko Fujimori, de 51 años, será la nueva presidenta de Perú, la novena en una década, tras un lento escrutinio que ha avanzado hasta el 99,8% de las actas y que le otorga una ventaja irreversible sobre su rival, el izquierdista Roberto Sánchez.

Con ese avance del conteo, Fujimori obtiene el 50,1% de los votos frente al 49,8% de Sánchez, una diferencia de alrededor de 43.386 sufragios, mientras que solo restan 40.213 papeletas por contabilizar, lo que hace imposible que el resultado se revierta.

La victoria llega tras 17 días desde las elecciones, en un proceso marcado por la lentitud del escrutinio y por denuncias de fraude presentadas por el candidato de izquierda, quien ha cuestionado los resultados y sostiene que no reconoce la derrota.

Se trata de la cuarta candidatura presidencial de la hija del autócrata Alberto Fujimori, figura que ha marcado profundamente la política peruana, tanto por su legado como por la división que genera en el país.

Fujimori asumirá la presidencia en un contexto de fuerte polarización, con instituciones frágiles y una prolongada inestabilidad política, tras tres derrotas consecutivas previas en elecciones anteriores.

Su triunfo se da en un país donde las últimas elecciones se han definido por márgenes mínimos, siempre inferiores al 1%, y en medio de un escenario político dividido casi a la mitad.

El voto exterior fue decisivo en la victoria, especialmente el procedente de Estados Unidos, donde reside la mayor comunidad peruana fuera del país, mientras que su rival ha centrado sus impugnaciones en ese segmento del escrutinio.

El candidato de izquierda ha anunciado que no reconocerá la victoria de Fujimori y ha convocado movilizaciones de sus simpatizantes, una postura que ha sido criticada dentro del país y que recuerda actitudes similares en comicios anteriores.

Fujimori será la primera presidenta electa del país, ya que Dina Boluarte asumió el cargo por sucesión constitucional tras la destitución de Pedro Castillo.

Gobernará además en un contexto regional donde varios países de América Latina están liderados por gobiernos de derecha y extrema derecha, bajo la influencia de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump.

Durante la campaña, bajo el lema "Vuelve Fujimori, vuelve el orden", centró su discurso en la crisis de inseguridad, señalada como la principal preocupación de la población peruana, con aumento de homicidios y extorsiones a comerciantes, tiendas y transportistas urbanos.

Entre sus propuestas planteó la creación de patrullas con participación de militares en las calles, la expulsión inmediata de inmigrantes que cometan delitos y que los presos trabajen para pagar su manutención.

Fujimori también buscó equiparar la lucha contra el terrorismo de los años noventa, liderada por su padre, con la actual lucha contra la criminalidad.

El legado de Alberto Fujimori sigue siendo altamente controvertido: es reconocido por sectores que destacan el control de la hiperinflación y la derrota de grupos terroristas, pero también cuestionado por su gobierno autoritario tras el autogolpe, así como por casos de corrupción y violaciones de derechos humanos, incluyendo las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, desapariciones y esterilizaciones forzadas.

El exmandatario fue condenado a 25 años de prisión, cumplió 16 años y posteriormente fue indultado en un proceso cuestionado por organismos internacionales, falleciendo en 2024.

La victoria de Keiko Fujimori se da en un país profundamente dividido, no solo por la inestabilidad política de los últimos años, sino también por la fuerte polarización que genera su figura.

Su partido, Fuerza Popular, es el principal en el Parlamento, aunque deberá pactar para impulsar reformas en un ambiente político complejo.

Deberá gobernar para un país partido en dos, con la oposición de izquierda que denuncia fraude y anuncia movilizaciones, además del movimiento antifujimorista que agrupa diversos sectores sociales.

Su principal reto será gobernar en medio de una fuerte crispación política y social, en un escenario donde no logró completar mandatos presidenciales anteriores.