La personalización transforma la forma de disfrutar los postres
Durante años, la personalización estuvo asociada principalmente a industrias como la tecnología, la moda o el entretenimiento. Sin embargo, esta tendencia ha ganado terreno en la vida cotidiana de los consumidores y hoy se refleja con fuerza en la forma en que las personas comen, eligen y disfrutan sus alimentos.
Desde bebidas preparadas al gusto hasta platillos con ingredientes seleccionados por el consumidor, la comida se ha convertido en un espacio de expresión personal. En este contexto, los postres (especialmente el helado) se han posicionado como uno de los formatos más versátiles para permitir combinaciones, creatividad y participación activa en la experiencia de consumo.
Este cambio responde a una transformación más amplia en el comportamiento del consumidor. De acuerdo con un estudio global de Boston Consulting Group (BCG), 80% de los consumidores se siente cómodo con experiencias personalizadas y espera que las marcas ofrezcan productos y servicios adaptados a sus preferencias. A su vez, Accenture reporta que 74% de los consumidores ha abandonado alguna compra debido al exceso de opciones disponibles, lo que ha impulsado la demanda de experiencias más relevantes y fáciles de elegir.
En este entorno, la personalización se ha convertido en una expectativa más que en un diferenciador, extendiéndose a categorías que antes estaban más centradas en lo estandarizado, como los postres.
"Estamos viendo consumidores que buscan participar más activamente en lo que comen. Ya no se trata únicamente de elegir un producto, sino de adaptarlo a sus gustos, experimentar con ingredientes y construir experiencias que se sientan propias. La personalización se ha convertido en una expectativa en distintas categorías de consumo y los postres no son la excepción", señala Beatriz Rodríguez, directora general de Neverías Frody.
Esta evolución se refleja en la creciente variedad de combinaciones disponibles en el universo del helado, donde sabores tradicionales como vainilla, chocolate y fresa conviven con opciones como pistache, té chai, rol de canela, brownie capuchino, queso con zarzamora o pay de limón, además de alternativas frutales que permiten explorar nuevas experiencias de sabor.
La tendencia también ha impulsado la popularidad de formatos más participativos en reuniones sociales, como las barras de helado, donde cada persona puede elegir ingredientes como frutas frescas, galletas, chocolates, nueces y salsas para crear su propia combinación.
"La comida siempre ha sido un punto de encuentro entre las personas. Cuando alguien crea una combinación, recomienda un sabor o comparte una nueva mezcla con amigos o familiares, el postre deja de ser un momento individual y se convierte en una experiencia que genera conversación y conexión", agrega Rodríguez.
En un contexto donde los consumidores buscan experiencias más significativas, la personalización se consolida como una de las tendencias más relevantes en la relación entre las personas y la comida. Más allá del producto, lo que está en juego es la posibilidad de participar, crear y expresar preferencias personales en cada experiencia de consumo.
Así, lo que antes era únicamente el cierre de una comida, hoy se transforma en un espacio de creatividad y expresión donde cada combinación puede contar una historia distinta.