La polémica tras descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca

Se ha hecho mucha investigación y suposiciones tras este incidente

Oaxaca, México. - El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, que dejó un saldo de 13 personas fallecidas y decenas de lesionados, ha puesto nuevamente bajo la lupa el origen y las condiciones del material rodante utilizado en el proyecto insignia del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.

Tras el accidente, en redes sociales y algunos espacios digitales se difundieron versiones que aseguran que los vagones siniestrados tendrían más de 60 años de antigüedad y que fueron presentados como "nuevos" pese a tratarse de unidades obsoletas. Sin embargo, la información oficialmente confirmada apunta a un escenario distinto, aunque no exento de controversia.

Lo que sí está verificado es que el Tren Interoceánico inició operaciones con material rodante reacondicionado, adquirido de segunda mano en el extranjero. Entre las compras documentadas se encuentran locomotoras y vagones procedentes del Reino Unido, como unidades British Rail Clase 43 y vagones Mark 3, así como locomotoras utilizadas previamente por empresas ferroviarias de Estados Unidos, que fueron rehabilitadas para operar en México.

El propio proyecto ferroviario ha reconocido que se optó por este tipo de equipo como parte de una estrategia para acelerar el inicio del servicio de pasajeros, decisión que desde el arranque generó cuestionamientos sobre la antigüedad de las unidades y los estándares de seguridad aplicados.

A la polémica técnica se suman los señalamientos financieros. La Auditoría Superior de la Federación ha reportado irregularidades en la Línea Z, tramo donde ocurrió el accidente, por un monto cercano a los 57.75 millones de pesos. Las observaciones incluyen pagos en exceso, duplicidades de contratos y trabajos no ejecutados, aunque estas cifras no representan la totalidad de la inversión federal destinada al proyecto, que asciende a decenas de miles de millones de pesos.

Hasta el momento, no existe confirmación oficial de que los vagones descarrilados tengan más de seis décadas de antigüedad ni de que correspondan específicamente a modelos fabricados en la década de 1950 o 1960, como se ha difundido en redes sociales. Las autoridades federales han reiterado que el material fue rehabilitado antes de entrar en operación, mientras continúan las investigaciones para determinar las causas exactas del siniestro.

El accidente ha reavivado el debate público sobre la seguridad ferroviaria, la transparencia en la adquisición de equipo y la necesidad de reforzar los mecanismos de supervisión en proyectos de infraestructura de gran escala, en un contexto donde 13 familias permanecen de luto y crece la exigencia de rendición de cuentas.