Revisión del T-MEC obliga a empresas mexicanas a redefinir su expansión global
La segunda ronda de negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), encabezada por la Secretaría de Economía y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, que se realiza en abril, está redefiniendo las reglas bajo las que operan las empresas en la región.
Con temas como reglas de origen y revisión sector por sector, las decisiones que se tomen impactarán directamente, la forma en que las empresas mexicanas exportan, producen y compiten en mercados globales.
"A diferencia de revisiones anteriores, el proceso actual no solo evalúa el tratado, sino que entra al detalle de industrias como automotriz, siderúrgica y agropecuaria, donde se definirán requisitos más estrictos de contenido regional y cumplimiento. Para las empresas, esto implica ajustar decisiones, desde la selección de proveedores hasta la estructura de costos y la viabilidad de exportar", explica Gabriel Uribe, Director Ejecutivo del Capítulo de Ciudad de México de The Global Chamber, una organización que conecta a compañías, directivos e inversionistas.
Más exportaciones, menos margen de error
En 2025, México alcanzó exportaciones por 664,837 millones de dólares, un incremento interanual de 7.6%, impulsado por la demanda estadounidense y por la consolidación de cadenas productivas regionales, según el Banco de México. Ese crecimiento demanda más volumen, pero también más exigencia; las empresas que participan en estas cadenas enfrentan auditorías estrictas, reglas complejas y una presión creciente por cumplir sin fallas.
El principal riesgo está antes de salir al mercado "cuando una organización decide sin información sobre costos y tiempos de cumplimiento, compromete sus márgenes y convierte el error en un costo. En el nuevo escenario del T-MEC, equivocarse en certificaciones, reglas de origen o normativas locales no solo retrasa operaciones, puede dejar a una empresa fuera de la cadena", advierte Uribe.
Lo que está en riesgo
La revisión del tratado está empujando a las empresas a profesionalizar su expansión global; ya no basta con tener producto o demanda, también se requiere precisión operativa y conocimiento local. De acuerdo con Global Chamber estas son algunas de las principales implicaciones:
Reglas de origen más estrictas: Obligan a rediseñar cadenas de suministro y elegir proveedores que cumplan con contenido regional.
Cumplimiento regulatorio anticipado: Certificaciones sanitarias, etiquetado y normativas dejan de ser trámites y se vuelven barrera de entrada.
Adaptación al mercado destino: La tropicalización pasa de ser táctica comercial a condición para competir.
Mayor coordinación público-privada: La participación del sector privado en la negociación refleja que las decisiones impactan directamente la operación empresarial.
Por ello, las empresas están recurriendo a redes internacionales que les permitan validar mercados, entender regulaciones y reducir riesgos antes de invertir.
Desde validar proveedores en Asia o Europa hasta mapear requisitos sanitarios en nuevos destinos, la expansión global se ha convertido en un proceso de inteligencia operativa y "expandirse ya no depende solo de contar con el producto, se requiere contrastar proveedores, entender regulaciones locales y tomar decisiones con mayor certidumbre antes de comprometer capital", concluye Uribe.