Tres fugas silenciosas que amenazan con drenar la minería
La industria minera atraviesa un periodo de alta exigencia. Presiones en costos, procesos regulatorios más estrictos, cadenas de suministro tensionadas y expectativas crecientes de clientes internacionales son parte de un entorno donde su supervivencia depende cada vez más de la eficiencia operativa. Esta incertidumbre también abre una ventana de oportunidad para las compañías que fortalecen sus controles internos y toman decisiones con mayor precisión.
Aunque el capital sigue fluyendo, el margen de error se reduce. En 2024, el sector minero registró una inversión total de 5 mil 63 millones de dólares, concentrada principalmente, en expansión y mantenimiento de operaciones, según la Cámara Minera de México (CAMIMEX).
"Las empresas mineras son capaces de extraer materiales del subsuelo aún cuando existen ineficiencias internas. El problema surge cuando esas fallas se acumulan y empiezan a afectar costos, activos y compromisos comerciales sin generar alertas", explica Zulma Herrera, empresaria e inversionista del sector minero.
En este escenario, existen fracturas operativas que no detienen la producción de inmediato, pero sí reducen la rentabilidad de forma progresiva. Son fugas silenciosas que, cuando no se atienden, terminan por afectar la viabilidad de los proyectos.
¿Cuáles son las tres fugas silenciosas que amenazan con drenar la minería durante todo 2026?
Compras con sobrecostos: Las mineras que carecen de controles de precio en sus procesos de adquisición enfrentan desviaciones recurrentes. Órdenes sin validación de mercado, dependencia de proveedores únicos y negociaciones sin comparación de alternativas elevan los costos operativos y reducen márgenes de forma sistemática.
Mantenimiento de emergencia: Operar bajo un esquema reactivo multiplica los costos y acorta la vida útil de la maquinaria. Las empresas que priorizan la reparación sobre la prevención asumen gastos inesperados, pierden horas productivas y comprometen el cumplimiento de contratos.
Proveedores deficientes: Un proveedor que incumple tiempos, entregas o certificaciones impacta de manera directa la relación con compradores internacionales. Sin controles claros, las mineras pierden credibilidad comercial y enfrentan penalizaciones contractuales que afectan resultados financieros.
Tres acciones para cerrar estas brechas
La buena noticia es que las fugas se pueden evitar con una estrategia operativa sólida. Las compañías que fortalecen su posición en el mercado implementan mecanismos de control claros y sostenidos:
Auditoría constante: Detectar desviaciones de precios, monitorear fallas en equipos críticos y evaluar el desempeño de proveedores antes de que los problemas se conviertan en pérdidas estructurales.
Activar controles por umbrales: Definir límites máximos de costo por insumo, intervalos obligatorios de mantenimiento preventivo y estándares precisos de cumplimiento para cada proveedor.
Implementar alertas tempranas: Contar con sistemas que alerten cuando un precio supera el rango permitido, un equipo se aproxima a su ciclo de mantenimiento o una entrega presenta retrasos relevantes.
"La minería no pierde competitividad por un evento catastrófico. Se pierde por pequeñas fracturas que se repiten de forma constante. Cerrar estas fugas no requiere inversiones desproporcionadas; demanda visibilidad operativa, control y decisión para actuar antes de que el daño resulte irreversible", concluye Herrera.