Carta de Sarah
“ Debo ser estúpida, debo ser mala, porque otro motivo mamá está enojada? / Quisiera ser mejor, quisiera fea no estar, entonces tal vez mi mamá me querrá abrazar. / No debo hablar, no debo hacer mal, de lo contrario todo el día, mi mamá me va a encerrar / Cuando despierto siempre estoy sola, la casa está oscura por horas y horas. / Cuando mamá regrese trataré de ser buena, aunque no me quiera ni abrace mi pena. / No hagas ni un ruido, la puerta acabo de escuchar, mi padre ha llegado borracho de un bar. / Trato de esconderme de su horrible mirada, no aguanto el llanto, me siento espantada. / Me encuentra llorando, me grita, me insulta, me dice que sus problemas, todos son por mi culpa. / Me empieza a golpear, me sigue gritando, me logro soltar y corro llorando. / Caigo al suelo mis huesos doliendo, papá me dice palabras, que ni las entiendo. / Perdóname le grito, pero ya es muy tarde, su rostro enojado parece que arde. / Los golpes y palabras, me duelen de verdad, le pido a papá Dios misericordia y piedad. / Por fin el termina y camina a la puerta, mientras yo en el suelo, quedo casi muerta. / Mi nombre es Sarah, tengo tres años de edad, esta noche mi papá, me mató sin piedad”. /
El maltrato infantil es un cáncer que sufre la sociedad a nivel mundial. Cada día, millones de indefensos niños son abusados, física y mentalmente por sujetos que desafortunadamente son padres, si así se les puede llamar, o bien por parientes o dizque amigos.
Hace algún tiempo me llegó un correo electrónico que trae imágenes dramáticas de niños abusados por “hienas” que se dicen padres. No puede ser más injusta y abusiva la violencia que se ejerce en contra de seres humanos tan inermes y desvalidos como las y los niños.
Además de las imágenes de niños maltratados, el correo trae adjunto el poema que al empezar esta columna se anota y que trata del infortunio y el infierno que vivió una pequeña criatura de tan solo tres años que fue arteramente asesinada a golpes por el papá en estado de ebriedad. En el poema se puede apreciar el terror bajo el que vivía la pequeña Sarah, bajo la violencia ejercida en su contra por su padre y su madre. “Chacales” diría yo y no padres.
En el poema se refleja la historia de millones de niños que viven diariamente un infierno de sufrimiento, violencia y vejaciones por parte de quienes se supone, deben recibir atentos cuidados, comprensión, amor y cariño. Pero la realidad es lastimera. La realidad es “estrujante” y pone la piel de gallina. La realidad, tan evidente, demuestra que esos seres que violentan a los niños, son personas que no merecen ejercer la patria potestad ni la custodia de los seres maravillosos llamados niños.
A nivel internacional se debe legislar de manera uniforme para dar severos castigos y en su caso, tratamientos sicológicos a los padres abusadores para que no vuelvan a incurrir en actos tan despreciables e inhumanos. No es posible que como humanos que somos soslayemos este grave problema que deja secuelas graves en los menores abusados. Esas secuelas se reflejan en el comportamiento de los hoy menores, mañana adultos quienes pueden convertirse en seres violentos y sin sentimientos, o cuando menos en seres tímidos y frustrados, pues durante su infancia no solo fueron privados del cariño y la comprensión, sino que fueron abusados de manera violenta y cobarde. Y esos traumas serán pesadas lozas que impactarán de manera negativa en su desarrollo.
Tenemos que lanzar el grito de esperanza en favor de la niñez, pues no podemos permanecer indolentes ante un problema que a diario sufren nuestras y nuestros niños de todo el mundo. Los niños son el futuro de la humanidad y por eso debemos cuidarlos. No es posible que permanezcamos sin hacer nada ante un problema tan grave como lo es el abuso y el maltrato infantil, porque entonces estaremos siendo partícipes del envenenamiento de nuestra sociedad, porque como afirmamos, un niño que sufre de maltrato, es un delincuente en potencia, que luego delinquirá en nuestra contra. Por eso es que debemos ejercer una participación activa a favor de los seres más maravillosos, pero más inermes del mundo: las niñas y niños de la tierra. Así como hay movimientos para cuidar el clima de nuestro planeta; movimientos para salvar a la flora y la fauna del mundo, así debemos movernos para defender el recurso más preciado de toda comunidad: sus niños.
Salvemos a los infantes de la violencia. ¡Que vivan las niñas y los niños!



