Cita con Clío: La invasión anarcosindicalista
“Las enfermedades infecciosas son una de las pocas aventuras genuinas que quedan en el mundo”. Hans Zinsser.
“Con el resto de la Junta Organizadora, habíamos Ricardo y yo apoderarnos de la Baja California. Era para proporcionarnos una base desde la cual, provistos de almacenes militares y de bastimentos, pudiéramos lanzar ataques al régimen de Díaz. Pocas tropas federales guarnecían este vasto territorio, que estaba muy lejos de poblaciones donde hubiera federales en número considerable. Bajo el mando de José María Leyva se hallaban diecinueve hombres. Cuatro de ellos eran voluntarios norteamericanos: obreros. Inspirados por la convicción de que estaban ayudando a derrocar la tiranía de Díaz, estos norteamericanos de corazón generoso servían gustosamente sin paga.
El 30 de enero de 1911, después de cruzar la frontera y recibir armas y municiones, la pequeña fuerza de Leyva atacó y derrotó a los treinta y tantos empleados aduaneros, policías y civiles, con quienes tuvieron encuentro y tomaron Mexicali que en aquella época tenía unos 1,000 habitantes.
Jack Mosby y John Price, dos de los voluntarios norteamericanos encabezaban una banda que tomó Tijuana; su población era cercana a 300 habitantes.
Entonces, cuando el pueblo de los alrededores vio cuán fácilmente habían sido tomados Mexicali y Tijuana, centenares se enrolaron bajo el estandarte del Partido Liberal. Seleccionando 150 de ellos, fue Leyva el 15 de febrero al encuentro de los federales bajo el mando del coronel Celso Vega. Este, que venía de Ensenada, contaba con 160 regulares y otros 100 de la policía y civiles, estos últimos enrolados por la fuerza.
En la región montañosa cerca de Picachos, movió Leyva su pequeña fuerza con tanta ventaja, que Vega huyó dejando a muchos de sus hombres muertos o heridos.
Ardiendo en cólera por su derrota, Vega telegrafió a Díaz que los magonistas, con ayuda del gobierno de los Estados Unidos, habían empezado a apoderarse de la Baja California y a aislarla del resto de México para venderla más tarde a los Estados Unidos. Como prueba de esta acusación, citó el hecho de haber norteamericanos en la fuerza expedicionaria.
Desgraciadamente, pocos meses después, Leyva se pasó a los maderistas.
De acuerdo con el desastroso, para no decir estúpida, tratado que hizo en Ciudad Juárez, Madero desarmó a sus propias tropas mientras permitía a las federales retener las armas suyas. Entonces comisionó a Leyva para ir a la Baja California a instruir a todos los revolucionarios de allá a desarmarse también.
Siguiendo estas instrucciones, exhortó Leyva a nuestros hombres para que entregaran sus armas. “Los federales se rindieron. La Revolución ha triunfado” les aseguró. “Ya no hay más necesidad de pelear”.
Persuadidos de que estaba diciendo la verdad, entregaron sus Springfield, empacaron sus cosas y se dirigieron a la frontera.
Repentinamente el valiente Vega, sabiendo que estaban desarmados, con una fuerza considerable cayó sobre ellos y mató a una cantidad; pero la mayoría escapó a través de la frontera.
El engaño que los porfiristas divulgaron empeñosamente por toda la República, de que Ricardo y yo nos habíamos vendido al gobierno de los Estados Unidos, perjudicó al Partido Liberal a los ojos de nuestros compatriotas. Por fin, más tarde supieron la verdad: que nos había encarcelado el gobierno norteamericano y que, por un testimonio perjuro, nos habían sentenciado.
¡Se nos declaró culpables de violar las leyes de neutralidad!” (1)
NOTAS DEL VIEJO MEXICALI. “Líder rebelde capturado. Calexico, Calif. 4 de abril. El coronel Borboa, de quien se dice que es miembro de las fuerzas de Villa, fue capturado anoche a medianoche mientras intentaba pasar de contrabando 600 rifles y una cantidad de municiones a través de la línea fronteriza internacional, a 10 kilómetros al este de Calexico, según un comunicado emitido por las autoridades mexicanas en Mexicali, Baja California, el día de hoy. El coronel Borboa está en la cárcel militar en Mexicali”.




