El síndrome de la mosca panteonera.

El síndrome de la mosca panteonera.
Por: Juan Bautista Lizarraga | 07/26/2021

Como ya lo hemos dicho en varias ocasiones en otras entregas de esta columna, para el derecho es de la mayor importancia el comportamiento de las personas en la sociedad, pues esta, como ente viviente, va modificándose y cambiando conforme a las incidencias que experimenta, tales como: avances tecnológicos, tendencias culturales, situación económica, creencias religiosas, factores climáticos, contingencias sanitarias y, un sinfín de factores más.

 

Todo ello trae como consecuencia inevitable, la modificación o creación de interrelaciones y actos entre las personas que el derecho tiene como máxima, regular.

 

Algo que, por desgracia, está sucediendo cada vez con mayor frecuencia, es el fenómeno social en el que los hijos crecen, se casan, tienen hijos pero, no se independizan económicamente del todo de los padres.

 

Son aquellas personas, adultos jóvenes y de mediana edad, que no se preocupan ni se esfuerzan por conseguir mejores ingresos, escalar en sus trabajos o, de plano, en trabajar, porque siguen recibiendo apoyos económicos de sus padres.

 

Esto sucede tanto en padres ricos, como aquellos que pertenecen a la clase media.

 

Estos “hijos” tienen como proyecto económico el que sus padres los sigan ayudando o, incluso, manteniendo (aún sí ello repercute en un menoscabo importante en el patrimonio de sus progenitores) y ya a futuro, quedarse con los bienes de estos cuando fallezcan.

 

Este fenómeno al que, coloquialmente podríamos nombrar como el “síndrome de la mosca panteonera”, está creando toda una generación de personas que se están convirtiendo en una carga, no sólo para sus padres, sino también para la sociedad, al no ser capaces de aportar bienes ni servicios que generen bienestar y riqueza, lo que repercutirá en una colectividad con mayores carencias tanto sociales, culturares como económicas.

 

Parte de la responsabilidad de que esto suceda es por el comportamiento de los propios padres, quienes, con las mejores intenciones, tratan de ayudar a sus hijos a que no sufran las carencias y limitaciones que ellos vivieron, por lo que los siguen sosteniendo económicamente siendo ya adultos y, la mayoría de las veces, aún a costa de su propia estabilidad financiera, sin darse cuenta de que fueron esas carencias que experimentaron en su juventud lo que los impulsó a ser personas productivas e independientes.

 

Será entonces, obligación de la nueva generación de padres quienes, por el bien de sus hijos, una vez que estos sean adultos y concluyan sus estudios universitarios, logren resistir el impulso de ayudarlos, dejándolos solos, para que experimenten y vivan en carne propia los retos económicos que seguramente enfrentarán, y sean ellos mismos los que, por sus propios medios, salgan adelante y sean así, individuos que aporten beneficios a la sociedad y a la nación.

 

Con ello no quiero decir que esté mal apoyar a los hijos, pero es diferente a mantenerlos. La línea puede llegar a ser muy delgada, por lo que los padres deben estar muy atentos en no caer en ese paternalismo excesivo.

 

Paradójicamente, el no ayudar a sus hijos sería, en realidad, el mejor regalo que un padre puede hacerle a sus descendientes.

 

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!



MÁS SOBRE Editorial

El síndrome de la mosca panteonera.
"Tómelo con Calma"
El síndrome de la mosca panteonera.
Meditación, un viaje a la plenitud interior