Humanidad

Evidentemente vivimos en una sociedad profundamente machista; en algunas partes del mundo más que en otras, pero finalmente la supremacía del hombre ante la mujer es la mentalidad predominante, sin que ello signifique que esa actitud sea correcta.
Lo desconcertante y en ocasiones doloroso es que eventualmente las propias mujeres forman hijos así. Es tan acendrada la posición del hombre para desdeñar o minusvaler a la mujer, que no se da cuenta de ello en su acontecer cotidiano.
Las conversaciones, los memes en las redes y las expresiones generalizadas, se refieren a ellas en un nivel inferior, sin que los hombres hagan nada para detener esa (su) forma de ser.
Solo por citar lo más común, en las vialidades de tránsito automotor, si alguien comete una falta al conducir, la expresión clásica es “con seguridad es mujer”, sin que nadie se oponga a la locución; algo más grave, al referirse al sexo femenino, se dice “las viejas”, sin que nadie tampoco diga nada en sentido contrario. Muchos más son los ejemplos, pero el punto concreto es ¿hasta cuándo?.
Según datos de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por un compañero sentimental.
A nivel mundial, poco más de una de cada diez niñas ha sufrido una violación en su vida. Dos mil 600 millones de mujeres y niñas viven en países en los que la violación conyugal no está expresamente penalizada; finalmente el 71 por ciento de las víctimas de trata de seres humanos, son mujeres y niñas.
Hay sociedades en el mundo que han avanzado en la superación de las desigualdades entre seres humanos, sin distinción de sexo, posición social o racial.
Pero existen otras con atrasos atávicos que obligan a las mujeres a cubrir partes del cuerpo, hasta llegar a excesos inaceptables donde se deben ocultar de pies a cabeza e ir acompañadas de un masculino, que no hombre. Extremos también, la mutilación de genitales y otros.
En la cotidianidad hoy, la pandemia de 2020 nos obliga a revisar los roles de cada quien. Hemos estado encerrados dos o tres meses, algunos trabajando a distancia, otros simplemente “estando” y conviviendo de tiempo completo con la familia o con otras personas.
Es en este encierro forzado donde las tareas (roles) han empezado a evidenciar si deben ser siempre a cargo de los mismos o “mismas” miembros de la familia.
Las labores domésticas, la limpieza, la comida, ¿porque siempre han de ser ocupaciones de la mujer?. Es momento de disruptir, de iniciaruna nueva era social, donde los hombres cambien su lenguaje radicalmente al referirse a ellas; la cocina no debe ser exclusiva de la madre, esposa o mujer en general, es momento de criar a los varones enseñándoles a cocinar y limpiar la casa, en forma colaborativa.
Desde luego esto para todos los miembros de la familia, sin distinción de sexo. Pero ello es lo menos, el lenguaje y la nueva mentalidad es lo que debe instituirse en este parte aguas que ha decretado la pandemia en el mundo. Seres humanos que respeten a los seres humanos, todos iguales.
Empecemos por nosotros mismos, difundiendo con el ejemplo. Una tarea de “éstas” a partir de ahora, sería buen comienzo. Ser feminista no es estar en contra de los hombres, sino que las mujeres estén en una posición igual y se respeten sus derechos en todas partes, no solamente en el trabajo o la vida pública, sino particularmente en la casa, donde se les tiene en un segundo plano, la mayoría de las veces sin darse cuenta.



