Huracán

Tenía que ocurrir tarde o temprano. El huracán Grace pasó sobre la península de Yucatán sin causar grandes daños, pero golpeó después con fuerza al estado de Veracruz. No es una sorpresa que en esta temporada del año se formen tormentas que ponen en grave peligro a los litorales del país. Tampoco son una novedad las inundaciones, los deslaves y la destrucción que ocasionan, afectando con frecuencia a las comunidades más pobres y desprotegidas.
Justamente para reaccionar con mayor rapidez y eficiencia, el gobierno federal creó en 1996 el FONDEN, Fondo Nacional para Desastres Naturales, organismo que contaba con los recursos para atender sin retraso la emergencia y la reconstrucción de las zonas afectadas por huracanes, inundaciones o temblores. Parecía una buena idea y así lo fue, durante algún tiempo.
No contábamos con la llegada de la austeridad republicana que, en nombre de la lucha contra la corrupción, embistió contra todo lo que oliera a ideas conservadoras y, con más fuerza que un ciclón, decidieron arrasar con este y otros fondos en 2020, junto con decenas de fideicomisos de toda índole y propósitos. El presidente López Obrador justificó la decisión, argumentando que sus recursos se venían manejando discrecionalmente y el FONDEN se había convertido en la caja chica de los gobiernos en turno. La verdad es que es altamente probable que así haya sido, si bien no hay a la fecha un solo detenido por este motivo.
Sin embargo, aparte de lo que presuntamente robaban los neoliberales, la ayuda llegaba a los lugares donde se requería. ¿No hubiese sido más efectivo sanear la estructura de ese organismo y mantener a la mano los recursos?
Ahora que Veracruz urge de atención y su población sufre ¿cómo responderá el gobierno federal? Eso está por verse.
La primera respuesta vino del gobierno de la Ciudad de México, aunque no fue precisamente la que se esperaba. Tanto Claudia Sheinbaum como Martí Batres, los dos funcionarios de mayor rango en el gobierno capitalino, aparecieron en redes sociales solicitando la ayuda de los ciudadanos, poniendo a su disposición varios centros de acopio. Esa parece ser la consigna: que el pueblo ayude al pueblo.
Ya sabemos que el presidente, aparte de enviar su pésame a los deudos y expresar su solidaridad con los damnificados, no tiene por costumbre acudir a los lugares de desastre, pero sigue siendo obligación de su gobierno atender las emergencias y llevar toda la ayuda posible, aún cuando no haya elecciones cercanas.
Con o sin FONDEN, es de esperarse que los veracruzanos reciban algo más del gobierno, que lo que se envió recientemente a Haití.




