Indefensión

No es solo el gremio periodístico el que sufre los agravios de una violencia y una impunidad sin límites, la sociedad de Baja California espera con atención el final de las investigaciones sobre los asesinatos de los periodistas Lourdes Maldonado y Margarito Martínez, ocurridos en Tijuana en menos de una semana. La relevancia que ambos casos adquirieron en el ámbito nacional e internacional obliga a las autoridades a indagar con seriedad y transparencia, pero sobre todo a entregar resultados convincentes.
Ambos compañeros fueron ultimados con arma de fuego, sorprendidos afuera de sus casas. El gobierno de Baja California designó un fiscal especial que asumió la responsabilidad de las investigaciones, en colaboración con funcionarios del gobierno federal. Activistas de los derechos humanos exigen una revisión de los mecanismos de protección insuficientes. El congreso local analiza la propuesta enviada por el ejecutivo para soportar las penas para los agresores de periodistas. Eso es -a grandes rasgos- lo que tenemos de cierto, lo demás son especulaciones y conjeturas.
descarga en México la justicia es selectiva y de ocasión. Si existe la voluntad política, como parece ser ahora, las investigaciones arrojarán pruebas, detenidos y un móvil creíble. Si no, lo que nos espera es una nueva escenificación teatral, de esas que, por inverosímiles, dejan más dudas que certezas y la eterna sospecha del encubrimiento.
La violencia contra periodistas es inaceptable pero no es cosa nueva, lo que preocupa es la impunidad que cubre la mayoría de los casos y abre el espacio para más agresiones. El propio Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la SEGOB, reconoció que, en los últimos tres años, solo una de cada diez investigaciones de periodistas asesinados ha terminado con una sentencia.
Nadie debería perder de vista que las verdaderas víctimas de la violencia son los periodistas, sus familias, el gremio y la libertad de expresión, no los sospechosos o los negligentes.
Gracias a la desmedida codicia y la miopía de los gobiernos que antecedieron al actual, nos quedó un país en la ruta del desastre; luego llegó este gobierno ineficiente, indolente e incapaz de devolverle a los mexicanos la tranquilidad perdida y las cosas evidentemente se han puesto peor.
Podemos encontrar corresponsables en el pasado, sin duda, pero el momento es ahora y los que ocupan los puestos y se benefician de ellos tienen la obligación de atajar el empoderamiento de los violentos, recuperar el clima de seguridad y acabar de una vez con la impunidad. Se ve difícil.
Me entristece mucho la muerte de mi compañera Lourdes Maldonado, no merecía ese destino. Para sus familiares, amigos y colegas, van mis sinceras condolencias. Para los asesinos, que los alcances de la justicia. Para las autoridades, con la reserva de conocer los resultados de las investigaciones, mi desconfianza.

