La 4T y el cambio del “establishment mexicano”
El término en inglés de “establishment”, se refiere a aquel grupo de personas, instituciones o entidades influyentes en la sociedad, o en un campo determinado de la industria, que procuran mantener y controlar el orden establecido.
Este grupo de poder (o poder establecido de la clase dominante) es la que ostenta el imperio político y económico de una nación y, es la que, finalmente, toma las decisiones trascendentes y que más repercusiones tendrán en el país.
Quienes integran el establishment y ostentan el verdadero poder de un país no necesariamente son visibles, de hecho, por lo general se trata de grandes magnates y políticos patriarcas, que tienen metida las manos en los bolsillos de los dirigentes actuales y que operan en las sombras.
De ahí que, las decisiones que toma el país, y que definen el rumbo socioeconómico de este, no siempre atienden al beneficio de la nación, pues cuando este se contrapone con los intereses particulares de los miembros del establishment, el primero se verá sacrificado, en beneficio de unos cuantos.
El establishment no es un tema nuevo en lo absoluto, sin embargo, en nuestro país, en estos tiempos, resurge su relevancia e importancia, y de ahí, la necesidad de conocerlo, lo que resulta esencial para la toma de decisiones, desde cotidianas hasta relevantes, de todos los que vivimos e interactuamos en México.
La 4T le apuesta a cambiar el statu quo dominante en México, para lograr que el grupo que oligárquicamente ha controlado al país (la mafia del poder) pierda su supremacía.
Esto, no era necesariamente malo, pues, de hecho, fue el tema central del discurso que hizo ganar de manera tan contundente al presidente y, prácticamente la mayoría en el congreso de la unión en 2018, debido al deseo ávido de la gente de un cambio, por lo que, la gran mayoría votó por esa promesa de transformación.
A escasos dos años y medio de la actual administración, ha quedado clarísimo que, en efecto, la 4T va por la cabeza del grupo de poder establecido, pero también, sin lugar a dudas, que sólo se trata de un cambio de manos, del establecimiento de un nuevo grupo (el del presidente), que tampoco persigue el beneficio del país, sino el de los intereses de unos cuantos, de esos que se sustituirán en esa cofradía de élite, en la que, al igual que la anterior, hay políticos de antaño y magnates con las manos metidas hasta el fondo de los bolsillos de todos los mexicanos.
La afirmación anterior no admite, ni sostiene, conclusiones en contrario, pues las decisiones presidenciales la confirman, tales como: la negativa de implementar una política amigable con el medio ambiente, la intolerancia hacía las opiniones y manifestaciones en contra las suyas, las caprichosas obras faraónicas, las consultas populares visiblemente hechas a modo, las intentonas (y algunos logros) de cambiar leyes y la Constitución Federal para incrementar y ampliar su permanencia en el poder, la indiferencia ante la tragedia de los niños con cáncer sin acceso a medicamentos, por decir nombrar sólo algunas.
Las intenciones del presidente, de consolidar un nuevo establishment en nuestro país, en el que sólo él tenga el poder de decidir los destinos de los mexicanos, y en el que se priorizará sus intereses y el de sus cuates, es más que evidente (sólo alguien que no quiera verlo sería capaz de negarlo).
Pero, no todo está dicho todavía, faltaría ver como acaba está película. En este 7 de junio el presidente perdió más de 14 millones de votantes, en comparación al 2018. El camino trazado por él, con seguridad, ya no se ve tan claro como antes.
Como siempre un placer un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!




