La biología del coraje

Sociedad y derecho Juan Bautista Lizárraga Motta

La biología del coraje
Por: Juan Bautista Lizarraga | 11/12/2022

Uno de los principales objetivos de la ciencia del derecho, si no es que el más importante de todos, es lograr la permanencia de una “sociedad exitosa”, en la que sus integrantes convivan en armonía, equilibrio, progreso y paz.

Para lograr este objetivo se debe atender a una infinidad de factores propios de cada pueblo o nación, tales como la idiosincrasia, la cultura, las costumbres, el contexto histórico, el idioma, la diversidad, tipo de etnia, etc., etc., que son propios y distintos en cada país, entidades federativas y regiones, lo que vuelve la tarea en un desafío titánico de dimensiones incalculables.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, hay otro factor decisivo a tomar en cuenta para la consecución de una “sociedad exitosa” que la ciencia jurídica ha dejado de lado, no le ha prestado la suficiente importancia aún y cuando su relevancia es trascendental, esta es la “actitud” que toman las personas ante los eventos que naturalmente viven día a día y, de qué manera esta las llevan a tomar las decisiones que a la postre se convierten en actos que contribuyen determinantemente en el universo que conforma la vida en sociedad.

Empecemos por definir qué es la “actitud”. Para el Diccionario de la Lengua Española es: “La disposición de ánimo manifestada de algún modo”. Por su parte para la Oxford Languages es: “La manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar”.

En ambas definiciones la actitud se traduce como la brújula que dirige el sentido de las acciones que las personas toman. Por lo que, si tomamos en cuenta que el derecho es la ciencia encargada de regular las conductas de los individuos para hacer posible la vida en sociedad, resulta entonces que esta debería jugar un papel central en el estudio de dicha ciencia.

Una buena actitud lleva a la ejecución de buenas acciones, por el contrario, una mala actitud puede llevarnos a la realización de actos nocivos con consecuencias dañinas para nosotros y para los demás.

Las causas que definen la naturaleza de las malas actitudes que cada persona elige tener frente a los sucesos que vive son tan variadas y numerosas que van desde la educación que recibieron y el contexto socioeconómico y cultural en el que se desenvuelven hasta las reacciones químicas y biológicas que generan sus propios cuerpos como consecuencia ante los eventos de estrés que enfrentan.

En un experimento realizado por la Universidad de Harvard se demostró que pensando en positivo el latido-estrés del corazón deja de ser un riesgo y se vuelve cardio saludable.

Esto es, en un período de ocho años se hizo un seguimiento a 30,000 adultos norteamericanos que decían haber padecido algún tipo de estrés. El estudio se fundamentaba en las respuestas a dos preguntas: Primera: ¿Qué nivel de estrés ha experimentado en el último año: alto, moderado o bajo?; y Segunda: ¿Cree que el estrés perjudica su salud? Posteriormente se analizó la mortalidad de todo el grupo dando como resultado sorprendente, en el que los individuos que experimentaron un nivel muy alto de estrés presentaban una probabilidad de riesgo de muerte en un 43% superior a los que no pero, que eso solo resultaba cierto en el grupo que consideraba que el estrés era “perjudicial” para su salud, por su parte, las personas con un nivel alto de estrés pero que no creían que esto no fuera nocivo para su salud, presentaban un riesgo de muerte inferior al de cualquier otro individuo, incluidas las personas que sufrieron menor estrés.

En los ocho años que duró la investigación, 182,000 norteamericanos murieron “prematuramente” (a una edad inferior a la esperanza de vida), no a causa del estrés, sino a causa de la creencia de que el estrés es malo.

La Dra. Kelly McGonigal, psicóloga de la Universidad de Stanford llamó a esto “La biología del coraje”.

Este revolucionario estudio demostró sin lugar a duda, que la actitud, es decir, la forma en que decidimos percibir y actuar ante los sucesos aparentemente malos que nos suceden, define nuestra realidad tanto en el plano social, personal como en el físico.

La buena noticia es que todos podemos tener el control de la actitud que decidamos tener frente a los eventos que nos pasen, sin importar nuestro origen, educación, etnia, ni ningún otro factor.

El moldear una sociedad para convertirla en una mejor versión de ella, inicia con una mejor calidad de la actitud y actos de los individuos que la integran, lo cual sólo se logra con la decisión personal de cada uno. Pongamos nuestro grano de arena para que ello sea posible.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!

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