La grandeza de los pequeños
Alfonso Reyes relató en sólo 15 páginas la historia del país: “México en
una nuez”. Notable capacidad de síntesis que hoy permitiría una visión
exhaustiva y compacta de un mundo que el Covid-19 desintegra y
unifica de un mismo golpe. Nuestras neuronas merecen un alivio. Los
problemas que nos aquejan son interdependientes. Conociendo las
premisas globales, hemos de resolver secuencialmente las cuestiones
particulares a fin de armar el rompecabezas. Abrumados por un bosque
sin fronteras podemos toparnos con cada uno sus árboles.
Esbozo los principales asuntos en cartera: la mayor urgencia es la
declaración de un estado de emergencia mandatado en la Constitución
en casos de perturbación grave que ponga a la sociedad en peligro o
conflicto, junto como el máximo apoyo posible para la reconversión del
sistema de salud. Una audaz política de crédito, imprescindible para
desatar el crecimiento mediante una estrategia contraciclica: alentar las
inversiones y elevar el gasto público redistributivo y claramente
encauzado a la creación del Estado de Bienestar. La expansión del
consumo a través de la elevación permanente de los salarios y la
conversión de transferencias monetarias a sectores específicos en una
renta básica universal. Implementar políticas racionales en materia
energética, agua y alimentación, como asuntos de seguridad nacional.
Dirigentes empresariales piden revisar la inequitativa distribución
territorial de los recursos públicos: revisar el equilibrio en el reparto de
participaciones y aportaciones federales destinadas a las Estados y
Municipios. Convocar a una nueva Convención Nacional Fiscal. Que
reemplace la Ley Coordinación Fiscal de 1978. Efectivamente se ha
conservado hasta ahora la ultrajante desproporción entre los recursos
que recaudan los órdenes de gobierno –Federación 80%, Estados 15% y
Municipios 5%-. Para abatirla se requieren decisiones de gran calado.
Resulta indispensable destrabar la Ley de Participación Fiscal
Compensatoria, concebida para paliar las desigualdades entre entidades
federativas. Desterrar la corrupción hacendaria de la federación,
reiteradamente condenados por el Presidente, tales como las enormes
evasiones y condonaciones expresadas en números redondos y de cuyos
beneficiarios no conocemos sus nombres y apellidos y menos si han sido
procesados. Atosigar al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado,
cuya información ignoramos.
Proponer reformas al régimen hacendario, como la transferencia del
cobro del IVA a los Estados, ya que se trata de ingresos mercantiles
sujetos a la jurisdicción local. Propuse en el “Plan de Chicoasén” que una
proporción justa de los ingresos por el ISR fuera compartida con los
Estados y Municipios cuando se origen sea en la utilización de recursos
naturales: minería, petróleo, electricidad, gas y ecoturismo. Es
inconcebible que Chiapas generé gran de la energía eléctrica del país y
siga sumido en la pobreza, como lo denunció respecto a Tabasco su líder
social de entonces, Andrés Manuel López Obrador.
Estremece la vulnerabilidad y abandono de las PyMEs. Palabras van y
medidas vienen sin comprender que son la columna vertebral de la
economía mexicana. Generan el 72% del empleo y el 52% del PIB
nacional. De ese universo ¡¡el 97.6%!! son microempresas que ocupan
menos de 5 trabajadores y que se funden en una realidad oscilatoria con
las pequeñas que pueden llegar hasta 11. Rubros que comprenden
taquerías, tintorerías, papelerías, refaccionarias y todo tipo de
estanquillos, con la torpe exclusión del ambulantaje –cuyo número es
incalculable– arrojado a la extorsión y manipulación de los caciques.
Inasibles “macehuales” expatriados por la estadística y la ley.
Ciertos macroempresarios olfatean una presa codiciable y se proclaman
patriarcas de los más pequeños. Pretenden englutirlos dentro de su
insaciable vientre para potenciar su capacidad de negociación con el
gobierno. Solicitan rescates financieros con sombrero ajeno: el de los
verdaderos creadores del empleo. Todos los apoyos deben llegar
directamente a quienes lo necesitan: a los microempresarios y a los
trabajadores asalariados, que no a sus patrones. El gobierno podría,
como en otros países, levantar un padrón provisional de PyMEs que las
formalizara como sujetos fiscales no obligados a declarar ingresos
temporalmente; los apoyos que requiriesen tendrían la forma jurídica de
subsidio al trabajo y podrían ser inmediatamente beneficiarios del
Seguro Social. Al finalizar la crisis regularizarían su situación hacendaria
y dispondríamos de la más amplia base contributiva que hayamos
tenido: la mayor revolución fiscal de nuestra historia y la genuina
liberación de los pobres.




