LAS PREDICCIONES

PERSPECTIVA

Que el mundo se va a acabar, es la más pavorosa de las profecías que oráculos

del pasado han lanzado para aterrorizar a la humanidad. Hasta ahora, no ha

sucedido, por lo menos tal y como lo han dicho las predicciones. Siempre ha

habido individuos que de manera burda o sofisticada han anunciado el fin de la

humanidad. Algo muy curioso sucede es que las predicciones encuentran eco en

un importante sector de la población y mientras la profecía no se cumpla, tendrá

seguidores.

Uno de los profetas de mayor credibilidad ha sido Nostradamus, un médico

francés que vivió a principios del siglo dieciséis y ejerció la profesión

aparentemente haciendo curas milagrosas. En el curso de una epidemia de peste

que azotó el continente europeo, Nostradamus recomendó hervir el agua antes de

beberla lo que a nadie se le había ocurrido en aquellos tiempos. Pidió también

encalar los muros de las casas y quemar la ropa de los enfermos así como los

cadáveres de quienes murieran en la peste.

Nostradamus era un hombre muy curioso y se dice que su sabiduría la había

obtenido de los árabes cuando viajó por el oriente, pero no fue por sus

conocimientos médicos como alcanzó la fama, sino por sus profecías. Siendo

médico olvidó un poco su profesión y se dedicó a la magia blanca, a la alquimia y

a la astrología. Hoy al paso de cuatro siglos nos preguntamos cómo es que las

profecías de Nostradamus tuvieron tanto impacto y la respuesta tiende a indicar

que era un excelente psicólogo natural, sólo los seres con esas cualidades pueden

convertirse en buenos profetas.

Nostradamus produjo 939 profecías en total y en ninguna hablaba del corona virus

pero si del fin del mundo antes de que empezara el tercer milenio. Los seguidores

de Nostradamus afirman que aunque un poco atrasada la profecía puede

cumplirse, bueno sabemos que el ignorante ve siempre como fabuloso lo que no

alcanza a comprender y el oráculo vuelve a estar de moda ante tanta

desinformación que esta pandemia ha generado.

Los mitos del fin del mundo siempre han proliferado, algunos con mayor éxito que

otros, profetas malos y presagios todavía peores abundan y lo sorprendente es

que a pesar de los avances de la ciencia y de que ninguna profecía se ha

cumplido, miles o millones de personas siguen creyendo en ellas.

La Biblia, las Pirámides de Egipto, los astrónomos de Babilonia, la cosmogonía de

los aztecas y las filosofías orientales han sido fuente inspiradora de las más

terribles profecías del fin del mundo y si bien es verdad, no llegan a suceder, los

daños colaterales que causan son tremendos. Un ejemplo de lo mucho que una

profecía puede influir en la vida de un pueblo es lo sucedido al imperio azteca, en

los diez años que precedieron al arribo de los conquistadores españoles .

Moctezuma segundo estaba convencido de que su imperio se desmoronaría a la

llegada del cuarto sol y no hizo nada para evitar la caída del imperio, el soberano

se dejó abatir y propició el triunfo de Cortés, a quien identificó como Quetzalcoalt

cuyo regreso había sido profetizado.

Los astrólogos y profetas del pasado son ahora las fake news que inundan las

redes sociales y causan pavor y terror. No hay análisis que valga. La humanidad

desaparecerá algún día seguramente. Antes de hablaba de un cataclismo

cósmico, un diluvio o una pandemia. Nadie lo sabe, pero este miedo debería ser

motivo para reflexionar que nada ocurre de manera circunstancial sino que

nuestras conductas han provocado otros problemas gravísimos, más graves que

el mismo coronavirus. La desforestación, la destrucción de la capa de ozono, la

erosión, el calentamiento global y otras desgracias que tarde o temprano acabarán

con buena parte de la humanidad. No se requiere ser Nostradamus para

profetizarlo.

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