Lo que viene
Si hablar del Corona Virus es un lugar común en este momento y pareciera que no
hay otro tema, es imposible no continuar con el hilo del pensamiento que nos lleva
a lo que sigue, la parte dos, las consecuencias de lo que esta pandemia mundial
está causando: La ira y el descontento social que conlleva a todo tipo de
manifestaciones de violencia. La violencia en cualquiera de sus definiciones es
una conducta límite propiciada sobre todo por la desigualdad, la crisis del Estado,
la economía devastada e incluso la imposibilidad de una seguridad pública y de
salud que en momentos de crisis se pone de manifiesto. Toda esta violencia en el
mundo entero se está acumulando, hay pequeños y aislados estallidos ya.
Y es que este orden mundial en el que hemos vivido en las últimas décadas
subordina todo a la acumulación de dinero. En esa búsqueda de la riqueza el
Estado, el gobierno que debería ser el que garantizara los derechos humanos
elementales, se ha volteado y perdido su razón de ser de tal forma que ahora
contemplamos como ha favorecido a todos los grupos de poder abandonando a la
gente a su suerte. No nos habíamos dado cuenta antes, lo sospechábamos, lo
presentíamos, pero el Corona Virus nos lo ha puesto enfrente, ante nuestro rostro
impávido, los sistemas de salud no son ni remotamente lo suficientemente
capaces de salvarnos..
¿Y todos los impuestos que hemos pagado a lo largo de nuestra vida? La
corrupción sale a la luz y nos sigue sorprendiendo. Desempleo, desigualdad,
pobreza. ¿Es esto el resultado de la Pandemia? No. La Pandemia sólo lo ha
puesto en evidencia. Ya estaba, no lo veíamos. Gobiernos iban y venían y
agudizaban la segregación social y las diferencias. Nos conformábamos y nos
alegrábamos porque en nuestro país las zonas libres fueron abiertas para que las
maquiladoras se instalaran en la más absoluta libertad. Nunca preguntamos y
ahora se convirtieron en los principales enemigos de la salud pública . Las
dejamos ser y el gobierno se redujo a un mínimo papel de vigilante cuando son
estas fábricas las más modernas formas de producción globalizada y por ende de
explotación.
También permitimos y casi festejamos el comercio internacional de las drogas y de
contrabando, nos lo decían, pero hacíamos oídos sordos, el lucrativo negocio de
las drogas sirve como base económica para una ampliación de los campos de
actividades de otras actividades económicas. Lavado de dinero, farmacias
innecesarias por todas partes que lo muestran.
Todo eso estaba allí y sigue estando, junto con el enorme océano de economías
informales que se toleran porque garantizan la supervivencia de las grandes
masas que viven en la extrema pobreza. Ahora cuando la enfermedad y el miedo
rompen todos los paradigmas existentes, sale a la luz, la violencia social,
soterrada y escondida, que se manifiesta de diferentes formas.
Todos los gobiernos del mundo están enfrentando problemas similares. El
aumento de la criminalidad es inminente y el desbordamiento social que incluye el
culpar al gobernante en turno de toda la problemática social acumulada en
décadas. El reto es enorme, porque conservar un Estado de Derecho como
condición indispensable para la paz social, exige también un compromiso que a
veces dudo los ciudadanos estemos dispuestos a asumir.
La humanidad está siendo sometida a la prueba más dura de las últimas décadas.
Necesitamos hacer todo distinto y dejar esa posición maniquea de enfrentamiento
entre gobierno y ciudadanos. Es ahora imprescindible entender la situación,
enmendarla, y abordarla junto con las autoridades que estén dispuestas y
comprometidas.
Creo que en la capital de Baja California, existe todo para que esto suceda. Hay
un gobierno comprometido y miles de ciudadanos que también han mostrado la
disposición de transformar nuestra forma de vivir. Ahora tenemos que trabajar
para convencer y quizás obligar a los que no quieran hacerlo, porque si no lo
hacemos ahora, no tendremos otra oportunidad.



