Los gremios
Todos sabemos que el ser humano no gusta de hacer su vida en soledad. Busca la compañía de sus congéneres y cuando esto no se puede, lo traslada a las mascotas o algunas entidades no materiales, como afición a la lectura, en la que puede encontrar otra realidad mas amable que la que se tiene. Pero la mayoría de las asociaciones responden originalmente a necesidades de protección física, y por lo tanto a cuestiones de supervivencia. Una vez satisfechas estas necesidades, como atinadamente lo apuntó Maslow, se generan otro tipo de exigencias físicas y psicológicas, como la pertenencia y la autorrealización, que se buscan de múltiples maneras.
Nada más común que las asociaciones de personas del mismo oficio. Esto siempre ha ocurrido; se manifestó en la edad media con la aparición institucional de los gremios, que no solamente agrupaban a compañeros que compartían las circunstancias de cierto tipo de tareas, sino que fueron más allá y prácticamente gobernaron la vida y progenie de sus miembros, estableciendo estrictos controles, bueno, si le podemos creer a la historia habitual, imponiendo exámenes para obtener los diversos grados que la profesión exigía y dando como resultado que la descendencia de quien realizaba tal o cual mester, proyectara a sus hijos y nietos la ambición o a lo mejor la necesidad de dedicarse a lo mismo, pues no solamente era cómodo el tener la infraestructura de capacitación y otras instalaciones como locales, equipo, etc., sino los contactos comerciales que son tan importantes en la cadena productiva.
Con la idea del libre mercado, en un momento se prohibieron los gremios y esto impactó también en el desarrollo de las asociaciones de trabajadores, cuya historia de lucha y evolución es sumamente interesante. Se puede encontrar en tratados especializados como los que nos ofrecen juristas y estudiosos esclarecidos de la historia obrera como Mario de la Cueva y Néstor de Buen.
Los gremios, asociaciones, clubes, colegios de personas que tienen un fin común, desarrollan necesariamente un sentido de solidaridad de grupo por virtud del cual, los deseos e intereses de cada uno de los agremiados siempre están en diálogo con el interés general del grupo, expresado supuestamente, con mayor o menor claridad, en la época de la integración o constitución. Por ello, una cuestión importante en los grupos formalmente constituidos es precisamente el documento en el que se exprese su estructura y las reglas de funcionamiento, para que no haya confusiones ni malas interpretaciones por personas con información deficiente o intereses contrarios al colectivo.
Es de suponerse que con mayor nivel que tenga el grupo, hablando desde luego de calidad profesional o nivel cultural, presuntamente recayendo en personas que hayan tenido la fortuna de acceder a educación profesional de calidad, debiera venir como consecuencia que de una manera madura y serena en cada ocasión en que el interés individual entre en conflicto o confrontación con el interés del grupo, se haga un cotejo racional y objetivo para determinar en cuales casos deberá prevalecer uno u otro. ¿Cómo afecta el optar por perseguir el interés individual con preferencia al del grupo a la estabilidad de éste? En algunos casos, la solidez institucional del grupo es tal que alguna desviación menor de alguno de sus miembros no afecta su trayectoria, pero habrá algunas ocasiones en que la transgresión es tan grave que puede desestabilizarlo; exige la investigación y en su caso la aplicación de sanciones o llegado al extremo, la expulsión del grupo o la renuncia a pertenecer al mismo. No es extraño que estas cuestiones produzcan organismos paralelos motivados por el disenso o ruptura.
Hay grupos cuya pertenencia no es voluntaria, sino que proviene de exigencia legal. Siempre se ha discutido si tal exigencia vulnera la libertad de asociación, es decir el derecho que tiene toda persona de pertenecer o no a una asociación, sindicato, colegio o cualquier otra forma de agrupación. Esta es una discusión aun no resuelta y en algunas ocasiones presenta problemas de operación en el ámbito de actividad de esas agrupaciones que tienen colegiación obligatoria.
En todo caso, la obligación que tiene toda persona que pertenece a un grupo, cuando está frente a eventos en los que se encaran los intereses particulares con los gremiales, es hacer un análisis detallado del asunto y seguir el mismo por los canales institucionales, para al final tomar una determinación razonada y no solamente con los sentimientos. No se trata de que el colectivo apabulle al individuo, ni que la ambición particular diluya al grupo, sino que haya madurez y objetividad en la solución de la controversia. La permanencia y su eficacia en obtener su finalidad concertada, es la esencia del grupo y es la columna vertebral de la sociedad.




