MI Marido (con Mayúscula)

Deberías de avergonzarte, -me dijo-. No contesté, porque no me avergonzaba.

Aguanté su mirada dura, fría y la incredulidad reflejada en su rostro. Algún día

tenía que haberlo confesado y ese día había llegado, porque una no puede andar

con tantos fingimientos durante tanto tiempo sin que te causen dolores de cabeza.

Me estaba exiliando sola de su mundo, el mundo al que yo había llegado tarde

Sigue hablando, -me dijo-, casi con desprecio. Y continué hablando de aquél mi

primer hombre, Mi Marido, con mayúscula, Le conté que me había casado y la

juventud no debía ser un pretexto para que yo no hiciera un buen papel, más que

un buen papel, quería hacerlo excelentemente bien, pero no había sido fácil y es

que mis habilidades domésticas no habían sido muy desarrolladas, trabajaba y

estudiaba antes de casarme por lo tanto no era mucho lo que había aprendido de

los quehaceres del hogar. Ël, Mi Marido con mayúscula, no era muy exigente,

pero tenía toda la razón cuando me pedía que le lavara la ropa a mano porque las

lavadoras no la dejaban bien. Que los cuellos de las camisas estuvieran bien

talladitos y que al planchar, procurara que la línea de los pantalones no me

quedara chueca. Me esforcé mucho, en ese sentido no hubo muchas quejas, pero

en la cocina no me fue tan bien. En las dos primeras semanas salí airosa con los

desayunos, hice huevos, revueltos, estrellados, en omelete, con nopales, con

machaca y con chorizo, pero ya pasados los quince días, mi imaginación no daba

para tanto, tomando en cuenta que no tenía libros de cocina ni había como ahora

manera de informarse en el internet, por eso, Mi Marido con mayúscula, tuvo toda

la razón del mundo cuando a la tercera semana, le repetí los huevos con chorizo,

se enfureció y no quiso comer nada. No era tanto lo que me pedía, simplemente

treinta desayunos distintos para cada día del mes. Preguntando aquí y allá, lo

logré, hice variaciones interesantes y puedo decir con orgullo que tenía menús

diferentes de desayunos hasta para tres meses.

Mi Marido con mayúscula, me hizo mujer. Aprendí a lavar los platos a conciencia,

nada de manchitas de tizne en los sartenes. Todo reluciente en la cocina Sus

enseñanzas me convirtieron en una buena ama de casa . Ya después con los

años que fui aprendiendo él empezó a tenerme ciertas consideraciones, incluso

recuerdo una vez que le serví la sopa un poco fría no me dijo nada y no estrelló el

plato en el piso como usualmente lo hacía..

Y poco a poco me fui perfeccionando, cuando él se metía a bañar yo le dejaba la

ropa acomodadita sobre la cama procurando adivinar cuál sería su gusto ese día,

no siempre le atinaba y por eso justamente él se enojaba y me gritaba un poco,

sólo un poco, hasta que fui entendiendo a Mi Marido con mayúscula, que lo único

que deseaba es que yo me convirtiera en una esposa perfecta.

Luego cuando las conocí a ustedes, que son tan modernas y hablan de temas tan

interesantes fue que empecé a pensar de una manera distinta pero me dio

vergüenza decirles que yo vivía de otra manera y que acá afuera me veía muy

desenvuelta pero en mi casa no eran así las cosas, que mi marido en la casa

manda y grita si no se hacen las cosas como él quiere y que aunque no lo hace

muy seguido pues claro que ha utilizado los golpes y las amenazas muchas veces,

pero es comprensible porque de esa manera he aprendido más rápido lo de mis

obligaciones.

Lo que no entiendo es porqué ustedes parecen tan enojadas, y me ven de

manera tan extraña. Soy mujer, soy mexicana y me siento muy orgullosa de estar

casada y tener un Marido con Mayúscula, algo que muchas mujeres estarían

envidiando. No comprendo pues, por qué me dices que debería avergonzarme.¿

El 8 de marzo? No. No sé qué se celebra, Creo que el inicio de la primavera.

¿No?

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