SOPLADORES

Hace muchos años pedí a una trabajadora que limpiara una ventana

con papel periódico. Me miró con incredulidad y un dejo de desprecio.

Pidió que le comprara servilletas azules de rollo “heavy duty”. No se

me ha olvidado esa lección que hizo patente mi anacronismo. En mi

niñez, se limpiaban las ventanas con papel periódico y funcionaba

perfectamente.

El papel periódico tiene una textura ideal para ello.

Pero ahora con setenta años más encima y toda la vasta experiencia

que ineludiblemente se acumula, así haya uno desperdiciado su vida,

me percato que el uso de ciertos, acaso superfluos productos o

aditamentos para hacer labores sencillas cotidianas, no es por razones

prácticas, sino una cuestión de estatus. Primero muerto que tomar una

escoba para barrer la calle. Que me vayan a ver los vecinos que todos

salen muy altivos con sus sopladores a alborotar la tierra de las aceras

y banquetas.

El operador se siente moderno y poderoso porque usa

una máquina en lugar de verse humilde con una escoba o cepillo,

orgulloso del brazo de la tecnología.

Me enfrento (no es la primera vez) a los sopladores que se utilizan por

todos lados para limpiar espacios. Diseñados para recoger hojas de

árboles en lugares donde se siembran grandes extensiones de

deciduas, que tiran la hoja en invierno.

La vieja práctica de usar un

rastrillo araña es poco eficiente cuando se tienen que manejar grandes

volúmenes de hojas y sí, en efecto, resulta útil el mentado soplador.

En Mexicali, no son muy recomendables. Tampoco las barredoras

mecánicas. Muchos gobiernos las han comprado, por cierto, carísimas

y requieren mucho mantenimiento; se utilizan esporádicamente. Lo

único que hacen es levantar polvo.

En una tierra arcillosa como

Mexicali, no es conveniente andar revolviendo el polvo; se levanta, se

queda suspendido, contamina, provoca enfermedades respiratorias y

se ve ridícula la barredora entre una gigantesca nube parda.

Las barredoras y los sopladores son altamente contaminantes. Estos

últimos quizá peor, porque el operador está a un metro de distancia

donde se dispersa el polvo, con cuanto se nos pueda ocurrir que haya

en una banqueta o calle. Ojalá fueran hojas.

El motor de dos tiempos que está adaptado a la sopladora es mucho

más contaminante que el de cuatro tiempos. Utiliza aceite para lubricar

su interior así que las emisiones son una agresión al medio ambiente.

Un 30% del combustible deja de quemarse adecuadamente.

Como resultado, el motor emite un rosario de contaminantes: Monóxido de

carbono, óxidos nitrosos, hidrocarbonos, que se juntan con los del

suelo: pesticidas, hongos, esporas, fertilizantes, fibras de balatas,

orines, escupitajos y vómito, más el excremento de perros, aves, ratas,

murciélagos, etcétera. Además, se encuentra plomo, arsénico,

mercurio y otras substancias carcinogénicas en los 2.5 kilos de

partículas lanzadas al aire cada hora por una sopladora.

Los sopladores hacen mucho ruido, comparable a una motocicleta.

Pero la motocicleta pasa y se va y el soplador se queda por mucho

tiempo para molestarme y alterar mi sistema nervioso.

Las mediciones de decibeles producidos por los sopladores de gasolina

varían. Parece ser que el promedio generalmente medido es de

alrededor de 80 decibeles, cuando el máximo permitido por la Norma

Oficial Mexicana NOM-081-ECOL-1994, es de 68 decibeles. La

Organización Mundial de la Salud, recomienda un máximo de 55

decibeles como un nivel normal diurno en el exterior.

En Estados Unidos y Canadá, se planteó si prohibir o regular los

sopladores. Varios estudios demuestran que a diferencia de las

motocicletas, los sopladores emiten sonidos de baja frecuencia, que

viajan a mayores distancias y traspasan las paredes. La medición del

nivel de decibeles es insuficiente para apreciar la molestia y en su caso

el daño que se causa.

Dicen que el sonido de baja frecuencia de los sopladores puede

producir padecimientos, incluyendo vértigo, perturbación del sueño,

estrés, hipertensión y desórdenes del ritmo cardiaco. De acuerdo al

Reglamento para la Protección del Ambiente contra la Contaminación

originada por la Emisión de Ruido, hay acción pública para denunciar

los excesos por ruido, así sea en la calle, en los restaurantes, en

cualquier lado. Ojalá alguien denunciara al señor que me ayuda con el

mantenimiento, porque a mí no me hace caso.



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