Vísperas

Conforme avanzan las semanas, crece el nerviosismo y las especulaciones sobre la línea política que adoptará la próxima administración estatal en Baja California. Hasta el momento, tanto el cuartel de la gobernadora electa, Marina del Pilar Ávila, como el de Monserrat Caballero, en Tijuana, han sido particularmente cuidadosos con la información que se filtra en medios y redes sociales.
Ya se mencionan algunos nombres de posibles colaboradores, pero lo que más suena es el presunto distanciamiento entre el gobernador Bonilla y su sucesora. Ambos llegaron a ese cargo con el respaldo de Morena, pero es evidente que no pertenecen al mismo grupo ni responden a los mismos intereses y, sobre todo, su carácter y personalidad son radicalmente opuestos.
Recientemente aparecieron en un mismo acto los alcaldes electos de Ensenada, Rosarito, Tecate y Tijuana, todos incondicionales del actual gobernador. Eso nos dice, al menos, dos cosas: la primera, que los cuatro, ellas y ellos, son personas agradecidas, al reconocer que se encuentran en esa posición gracias a su lealtad con el gobernador. Y la segunda, que muy probablemente conformarán un bloque, que le permita al señor Bonilla seguir inmiscuido en los asuntos de gobierno en Baja California.
Este domingo, el gobernador se quejó del hermetismo del nuevo gobierno. Dijo que nada le han informado sobre los planes de trabajo y los funcionarios que se harán cargo de las secretarías. Y fue más allá, haciendo algunas recomendaciones, que más parecían instrucciones, sobre lo que -desde su punto de vista- debe hacer la siguiente administración. Quiere el gobernador Bonilla que se siga informando de la misma forma que él lo ha venido haciendo, porque “el pueblo ya está acostumbrado, y aquí en Baja California la gente es realmente la que dicta lo que se tiene qué hacer”. El gobernador considera que, con el triunfo de Morena en las elecciones de junio pasado, se le dio el visto bueno a su administración, es decir, que los ciudadanos quieren más de lo que él les ha dado. “El pueblo refrendó este gobierno con su voto”, dijo.
El caso es que, independientemente de la brevedad del actual gobierno, porque dos años ciertamente son poco tiempo para grandes obras, la marca que deja Jaime Bonilla ha quedado clara, indeleble. Un estilo propio de gobernar, no me atrevo todavía a calificarlo de bueno o malo, es lo que tenemos.
Lo que sí se le puede pedir es que, a partir de noviembre, se dé la oportunidad de ser prudente, que abra los espacios necesarios para que la nueva administración estatal pueda comenzar a trabajar, sin promover golpes bajos ni alimentar corrientes contrarias. Finalmente, como él mismo lo reconoce, es el pueblo quien califica a sus gobernantes, nadie más.




