¿Y el cuidado y protección a la salud emocional?

El párrafo cuarto del artículo 4º de la Constitución Política Federal

dispone que, “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud”,

debiendo definirse, de acuerdo a la Ley, las bases y modalidades para

ello.

El derecho de protección a la salud, previsto en el artículo

Constitucional mencionado, no sólo se refiere al cuidado de la condición

física de las personas, sino también, e igual de importante, a su

atención *emocional y mental*.

En la tremenda crisis sanitaria en la que nos encontramos, se han

tomado decisiones y puesto en marcha acciones encaminadas, todas, a

la prevención y atención de los efectos que la enfermedad provocada

por el virus COVID-19 puede generar en el organismos físico de las

personas.

Sin embargo, nada se ha dicho, o hecho, en relación a prevenir y

proteger el *estado emocional*.

La situación de aislamiento, de incapacidad de trabajo y, por ende,

no poder generar ingresos, así como la incomprensible postura del

gobierno de no prorrogar el pago de contribuciones, aunado a la

apremiante obligación subsistente de pagar sueldos, seguridad y

prevención social, proveedores, mantenimiento de inventario, servicios,

rentas, etc., crea una sicopatía en las personas y sus familias que,

puede llegar a transfigurarse en serios trastornos físicos, afectando

seriamente esta y en algunos casos, hasta causar la muerte.

En lo personal, he sabido de dos casos de personas allegadas a la

familia que fallecieron en los últimos tres días por infartos fulminantes.

Ninguno de ellos llegaba a los sesenta años de edad y eran bastante

saludables, lo que sí, es que ambos tenían una gran preocupación por el

futuro de sus negocios y trabajadores, situación que, como la de la gran

mayoría, era sumamente crítica. Si murieron a consecuencia de esa

preocupación no lo sabemos con exactitud, pero nos podemos dar una

buena idea de que algo tuvo que ver, sino es que todo.

La pandemia mundial nos tiene en una situación en la que, estoy

seguro, ninguno de nosotros pensó que estaría jamás y que, por tanto,

no estábamos suficientemente preparados para afrontarla. No nada más

se trata del muy grave peligro a la salud que esta representa, sino,

adicionalmente, del comprometido contexto económico que nos está

afectando a todos, si bien, en diferente medida e intensidad, ninguno,

llámense empleados, patrones, comerciantes o trabajadores

independientes estamos inmunes a sus devastadoras consecuencias.

La labor de nuestras autoridades sanitarias en estos momentos es

titánica, sin embargo, también debemos de poner atención a la

condición emocional del pueblo mexicano, tomando medidas para

mitigar sus nefastas consecuencias y así, tratar de salir lo mejor librados

posible de esta dura prueba a la que la naturaleza nos está sometiendo.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas

letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la

próxima!



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