Empresarios millonarios realizan plan de escape ante el coronavirus

Conforme los contagios de coronavirus incrementaban sin control, un ejecutivo de Silicon Valley contactó al fabricante de refugios de supervivencia Rising S con el objetivo de averiguar la apertura de la puerta secreta a su búnker a tres metros bajo tierra en Nueva Zelanda.
El empresario nunca había hecho uso del búnker y no lograba recordar cómo desbloquearlo, informó el gerente general de Rising S, Gary Lynch. “Quería verificar la combinación de la puerta y estaba haciendo preguntas sobre el agua caliente en el bóiler, y si necesitaba tomar agua extra o usar filtros de aire “, mencionó Lynch. El ejecutivo es director de una empresa en el Área de la Bahía, pero actualmente reside en Nueva York, que rápidamente se tornaba el epicentro mundial de COVID-19.
“Se fue a Nueva Zelanda para escapar de todo lo que estaba sucediendo”, agregó Lynch, y se negó a revelar la identidad del dueño del búnker debido a que mantiene en privado a sus clientes. “Y hasta donde yo sé, él todavía está allí”añadió.
Es bien sabido que, desde hace años, Nueva Zelanda ha ocupado un lugar destacado en los planes de supervivencia.
El mencionado país ha sido reconocido por su respuesta ante la pandemia. El cierre temprano fue de cuatro semanas, y actualmente se regristran más recuperaciones que casos positivos, además únicamente 12 personas han fallecido por el virus.
La red mundial de refugios subterráneos ya ha instalado un búnker con capacidad de 300 personas ubicado en South Island, al norte de Christchurch, aseguró el fundador de la compañía con sede en el estado de California, Robert Vicino.
Rising S ha sido creador de alrededor de 10 búnkeres particulares en Nueva Zelanda en los últimos años. El costo promedio por cada uno es de tres millones de dólares para un refugio que pesa aproximadamente 150 toneladas, sin embargo, podría llegar a ocho millones con características adicionales como baños de lujo, salas de juegos, campos de tiro, gimnasios, teatros y camas quirúrgicas.
“Mi temor fue que era ahora o nunca, ya que pensé que podrían comenzar a cerrar fronteras”, comentó Dinulescu, de 34 años, quien compró el primer boleto de avión disponible y 12 horas después, acompañado de su esposa se encontraba en un vuelo con destino a Auckland.
Días después, Nueva Zelanda clausuró temporalmente sus fronteras a extranjeros. Dinulescu dijo que se ha contactado con al menos 10 personas en Nueva Zelanda que dieron el salto antes del cierre, aún así “muchas personas dedicadas al capital de riesgo que conozco no tenían suficiente miedo para salir antes del cierre de fronteras”, añadió Dinulescu. “Y ahora no pueden entrar”.
Aun cuando no se trate de una mansión, Dinulescu no planea regresar a Silicon Valley hasta que la pandemia disminuya. Actualmente se encuentra escondido en la isla Waiheke con su esposa en una domicilio de dos pisos y tres habitaciones con vista al mar por dos mil 400 dólares mensuales, menos de lo que estaban pagando por su apartamento de dos habitaciones en San Francisco.
“Francamente, estábamos cazando multimillonarios”, mencionó Dinulescu. “Queríamos averiguar dónde estarían todas las demás personas de Silicon Valley”. Hasta hoy, aseguró que no se ha codeado con ninguna élite tecnológica: “Todos han estado en autoaislamiento” concluyó.



