Se conocieron en un autobús Greyhound en Navidad y llevan casados 60 años

Ruth Underwood se despertó sobresaltada y se dio cuenta que se había quedado dormida sobre el hombro de un desconocido; ese momento incómodo sería solo el inicio de una historia de amor duradero con Andy Weller.

Se conocieron en un autobús Greyhound en Navidad y llevan casados 60 años
Por: EL MEXICANO | 12/27/2023

Tijuana, 27 de Diciembre. - De acuerdo con la entrevista para CNN Travel, era la tarde del día de Navidad de 1962, Ruth Underwood viajaba en un autobús Greyhound desde la casa de sus padres en Olympia, Washington hasta su casa en Seattle.

Había pasado un día divertido y festivo con su familia pero Ruth trabajaba el 26 de diciembre y necesitaba volver a tiempo, en ese tiempo tenía 18 años, era su primer trabajo y no quería arriesgarse a llegar tarde.

"Así que cogí el autobús Greyhound, subí y me senté en el primer asiento disponible, que estaba al lado de un joven apuesto (…) Enseguida me dormí y me desperté con la cabeza sobre su hombro".

Ruth se sonrojó cuando se dio cuenta de lo que había pasado, se disculpó con el desconocido que tenía al lado, se alisó la blusa y trató de recuperar la compostura.

El hombre hizo caso omiso de sus disculpas, sonrió y se presentó; se trataba de Andy Weller, de 21 años, quien llevaba en el autobús desde Astoria, Oregon, y se dirigía a la base militar de Fort Lewis, Washington, donde estaba destinado.

De acuerdo con Andy, se había fijado en Ruth desde que se subió al autobús… "Me fijé en ella porque vi su precioso pelo rojo".

Y aunque se dio cuenta cuando se quedó dormida en su hombro, Andy no sabía qué hacer. 

Cuando el Greyhound llegó a Nisqually Hill en la Interestatal 5, no muy lejos de Fort Lewis, Andy empujó suavemente a Ruth.

"Tardé mucho en armarme de valor porque era tímido(…) Al final me atreví a decir, al menos, 'Hola'".

Durante los 20 minutos siguientes, mientras el autobús recorría las arboladas carreteras de Washington, Andy y Ruth entablaron conversación.

"Empezamos a hablar entre nosotros (…) Era bastante frívolo. Ya sabes: '¿Cómo te llamas? ¿Cómo te va? ¿Y adónde vas? Y simplemente descubrimos que ambos volvíamos a nuestros lugares de trabajo".

No hubo tiempo para ir mucho más allá de estas presentaciones, pero tanto Ruth como Andy disfrutaron de la conversación y de la compañía mutua hasta que el autobús se detuvo en Fort Lewis.

"Aquí bajo", dijo Andy. Cogió su bolso y estaba a punto de bajarse, pero entonces hizo una pausa… "¿Intercambiamos direcciones?" y Ruth aceptó.

"Cuando el autobús se detuvo en Fort Lewis, le di mi dirección (…) El conductor del autobús se molestó un poco. Me dijo: 'Tengo un horario que cumplir'".

Andy era un romántico y cuando le escribió a Ruth por primera vez, ya se preguntaba si ella podría ser "la elegida".

Pero entonces se enteró, a través de la respuesta de Ruth, de que estaba prometida con otra persona, un hombre al que conocía desde la infancia.

Y aunque cuando Ruth conoció a Andy, seguía teniendo la intención de casarse con su amor de la infancia, tampoco tuvo reparos en darle su dirección; después de todo, no había nada específicamente romántico en sus interacciones en el autobús.

Pero entonces, el prometido de Ruth puso fin al compromiso; había conocido a alguien más.

Ruth estaba más sorprendida que disgustada y recuerda que entró en la sala de su departamento de Seattle, contándole la noticia a su compañera de piso. 

La compañera de piso sugirió a Ruth que saliera con alguno de los hombres que conocían en Seattle y le recordó al hombre del autobús.

En las cartas que se enviaban y recibían, Ruth y Andy se volvían cada vez más cercanos.

"Compartíamos las cosas que nos gustaba hacer y los objetivos que intentábamos alcanzar", dice Ruth.

A las pocas semanas de escribirse, Ruth le dijo a Andy que estaba pensando en volver a Olympia, Washington, donde vivían sus padres, de modo que Andy sugirió que podía ayudar a Ruth a mudarse; sería una oportunidad para volver a verla y ver si su conexión epistolar se trasladaba a la vida real.

Su química se hizo evidente enseguida. Casi de inmediato, Andy le preguntó a Ruth qué iba a hacer el 22 de agosto.

Desde entonces, Andy venía a visitar a Ruth a Olympia siempre que podía. Y siempre que estaban separados, Andy y Ruth continuaban su relación por correspondencia.

El 4 de julio de 1963, Ruth y Andy estaban pasando el día festivo juntos cuando, de repente, Ruth le entregó a Andy un grueso sobre blanco.

Era una invitación de boda. Andy miró a Ruth estupefacto.

"Me preguntaba si se iba a casar con el otro (…) Empecé a leerla. Y, claro, me quedé un poco descolocado en ese momento... hasta que llegué a la parte que decía que se casaba conmigo".

Ruth tuvo la idea cuando estaba sola un día, entre semana, pensando en Andy y en la idea de un futuro con él. Había vuelto a mencionar el matrimonio unas cuantas veces.

"Me puse a pensar: 'Realmente quiero a este hombre'. Así que fui a la imprenta y mandé imprimir las invitaciones de boda".

Ruth no tenía ni idea del lugar de la boda ni de los detalles, pero no había duda: el 22 de agosto, la fecha que Andy había sugerido en su segundo encuentro.

Cuando ella le entregó la invitación, Andy se sintió abrumado y luego encantado y abrazó a Ruth con fuerza.

Y un par de meses más tarde, el 22 de agosto de 1963, Andy y Ruth se casaron en Olympia, Washington, en la iglesia a la que Ruth asistía de niña; Ruth tomó el nombre de Andy, convirtiéndose en Ruth Weller.

Con el paso de las décadas, Ruth y Andy empezaron a asociar su historia de amor con una canción en particular, "I Say a Little Prayer", grabada por primera vez por Dionne Warwick en 1967 y lanzada por Aretha Franklin al año siguiente.

Andy solía cantarle la letra a Ruth, pues hasta la fecha, la canción sigue resonando entre ambos, que agradecen con regularidad la presencia del otro en sus vidas.

"Es un poco inusual conocer a alguien en un autobús Greyhound que nunca has visto antes y establecer una conexión (…) De hecho, es un milagro que dos completos desconocidos se encuentren y acaben casados. Y estar casados tanto tiempo como lo hemos estado".

El pasado agosto, Ruth, que ahora tiene 79 años, y Andy, de 82, celebraron su 60 aniversario de boda y cada navidad recuerdan su aniversario de boda, un día bastante importante para ambos.

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