29% admite que ha discriminado y que fue su intención hacerlo: UVM

48% considera que ha discriminado, pero lo hizo de forma inadvertida

29% admite que ha discriminado y que fue su intención hacerlo: UVM
Por: EL MEXICANO | 02/27/2026

CDMX, México. - Con la finalidad de analizar la cultura de respeto en el país y qué tan incluyente vemos a la sociedad, el Centro de Opinión Pública de la Universidad del Valle de México realizó el estudio Percepción y normalización de la discriminación en México: el desafío de la inclusión, el cual identifica desde deficiencias en gobernabilidad e infraestructura urbana, hasta la normalización de actos discriminatorios y la pasividad o indiferencia ante estos. 

El papel de las instituciones contra la discriminación

La percepción ciudadana sobre el combate a la discriminación muestra contrastes marcados. 55% y 52% de la población considera, respectivamente, que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) son las instituciones que más trabajan en la materia. En contraparte, otros actores institucionales presentan una valoración negativa: 61% opina que los legisladores trabajan poco o nada para prevenir la discriminación, percepción que comparten respecto al gobierno federal (54%). "En el caso de las escuelas, la opinión dividida, 49% estima que los centros educativos realizan esfuerzos para prevenir la discriminación, pero 48% no lo ve así, lo cual refleja importantes retos para los centros educativos como espacios de respeto", comenta Adriana Rico, Coordinadora del Centro de Opinión Pública de la UVM

Cultura cívica y respeto a la accesibilidad

En cuanto a la infraestructura de accesibilidad en las colonias, los elementos con mayor disponibilidad reportada son las rampas peatonales (73%) y la existencia de asientos reservados en transporte público (52%). Sin embargo, la accesibilidad es deficiente en otros rubros: los menos mencionados son los anuncios en lenguas indígenas (9%), las guías podotáctiles (13%) y elevadores o escaleras eléctricas funcionales en puentes peatonales (15%).

Aunado a esto, la disponibilidad de infraestructura física contrasta con el nivel de cumplimiento ciudadano sobre su uso: 59% dijo que pocas veces o nunca se respeta dejar libres las rampas para sillas de ruedas y 60% de los encuestados señala que rara vez o nunca se respetan los asientos y espacios reservados para personas con discapacidad, mayores o embarazadas, tanto en espacios públicos como en el transporte público. 

Rostros y escenarios de la exclusión

Existe un consenso sobre los grupos que se piensa son discriminados en mayor medida: personas indígenas (87%), transgénero o transexuales (86%) y homosexuales (85%). En el extremo opuesto, se consideran que los jóvenes no sufren discriminación (39%) ni las personas con tatuajes o perforaciones (37%).

Al cuestionar sobre los espacios donde ocurre mayor discriminación, sobresalen los espacios públicos como la calle, negocios o comercios y las redes sociales. La calle destaca como escenario donde se ha visto más discriminación hacia personas indígenas (59%), homosexuales (58%), transgénero (55%) y migrantes (54%). En entornos institucionales —como la escuela o el trabajo—, las causas principales de discriminación son tener pocos recursos económicos (42%), el tono de piel oscuro (37%) y ser homosexual (36%). En negocios y comercios, prevalece la discriminación por recursos económicos (49%), ser indígena (47%) y el tono de piel (37%). Finalmente, en las plataformas digitales, la hostilidad se dirige principalmente a personas transgénero (45%), homosexuales (44%) y por el tono de piel (40%). 

Normalización y prejuicios en la construcción de una sociedad más incluyente

Ante actos de discriminación, la cifra de denuncia es baja: 60% no reportó lo observado, 28% sí lo hizo (12% señala no haber observado actos discriminatorios). Entre el grupo que alzo la voz, 12% lo hizo ante una autoridad del espacio interno (profesor, jefe, supervisor, etc.), 9% en un área institucional (dirección, recursos humanos o un comité) y 9% utilizó plataformas digitales. Adicionalmente, al consultar sobre la la actuación frente al acto discriminatorio presenciado, 27% intervino verbalmente para defender a la víctima, 26% se acercó a la víctima para ofrecer apoyo, 22% reprobó el acto con miradas o gestos, 15% exhibió el hecho en redes sociales y 17% no hizo nada. Las principales razones fueron: considerar que no sirve de nada (26%), no saber dónde denunciar (19%) y temor a meterse en problemas (18%). Asimismo, 9% considera que denunciar actos de discriminación es complicado y 6% considera que esas expresiones no son graves.

La discriminación no solo se percibe como una experiencia que padecen otros, también los encuestados reportan que han sido discriminados (28%) y 54% sospecha haberlo sido sin darse cuenta en el momento. Y las causas asociadas a la discriminación son principalmente: situación económica (28%), por ser mujer (27%), por la forma de vestir y tono de piel (ambas con 15%), por una característica físico-corporal (14%), entre otras.

En tono de autocrítica: 29% admite haber discriminado conscientemente, 48% dijo haberlo hecho sin intención.

En el entorno cotidiano, las posturas frente a la inclusión presentan matices contrastantes: el lenguaje discriminatorio persiste en familias y amistades con expresiones como ´naco/corriente´ (52%), ´prieto/color cartón´ (44%), ´persona con capacidades diferentes´ (43%) y ´joto/afeminado´ (38%). Por otra parte, el lenguaje inclusivo es aceptado por 24%, pero rechazado por 35%; las ´nuevas masculinidades´ gozan de una aceptación de 55% frente al rechazo de 21%. Los retos se revelan en el lenguaje, en la forma en que nos expresamos y por las experiencias compartidas, no es extraño que 44% considere que la sociedad mexicana es menos inclusiva y 48% que es menos respetuosa, pese a que 62% reconoce que vivimos en una sociedad más diversa.

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