¿Hay riesgo de una crisis de fin de sexenio?

En las últimas tres décadas, México enfrentó tres crisis económicas. La macrocrisis de 1995 fue de naturaleza doméstica, originada por la acumulación de grandes desequilibrios en la economía local. La mayoría de los factores de riesgo estaban en semáforo rojo. La de 2009 fue de origen externo o importada. La de 2020 también fue exógena, producto de la pandemia mundial. En las crisis de 2009 y 2020 ningún factor de riesgo local estaba en rojo, por lo que no era posible esperar una crisis por desórdenes en nuestra economía.
Para el resto del sexenio (2022-2024), la política económica no sufriría cambios radicales. Banxico mantiene la autonomía y busca contener la inflación. Al menos por ahora, la nueva gobernadora ha dado señales de actuar con independencia del Poder Ejecutivo. Las finanzas públicas se mantienen en orden, aunque con cierto aumento del déficit fiscal, hasta 4.3% del PIB.
La deuda pública no supera el 50% del PIB y se mantiene en semáforo ámbar, con una estructura (vencimientos y tenencia) que se deteriora solo de manera moderada. México mantiene su categoría de grado de inversión por parte de las agencias calificadoras. La economía mantendría un crecimiento alrededor de 3% hacia el final del sexenio, con una inflación en el rango-meta de Banxico (entre 2% y 4%).
En un escenario donde la tasa de la Fed va al alza, el tipo de cambio podría ubicarse cerca de 23 pesos por dólar en 2024, con lo que la subvaluación del peso se elevaría hasta casi 20%. Esto no es un tema de gran preocupación, dado que el país cuenta con la liquidez suficiente para hacer frente a un escenario complejo. Las reservas internacionales son elevadas y se tienen líneas abiertas con el FMI y el Tesoro.
Conclusión: si no ocurre algo espectacular, el cierre de sexenio debe ser ordenado, sin una crisis. La probabilidad de una crisis es baja, con sesgo a moderada, dada la presencia de factores de riesgo en semáforo ámbar. Es baja, no cero. Lo que sí debe estar en el radar es que una sociopolítica al extremo, con un gran deterioro, podría desencadenar una crisis.



