4 de julio: ¿Qué pasó realmente?
Sociedad y derecho.
La creencia popular sostiene que el 4 de julio de 1776 nació oficialmente Estados Unidos. La realidad es un poco más compleja y, por ello, mucho más interesante. El 2 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental aprobó la resolución presentada por Richard Henry Lee para declarar independientes a las colonias. Técnicamente, ese fue el verdadero día en que se votó la independencia.
Se celebra el 4 de julio porque dos días después, el Congreso aprobó el texto definitivo de la Declaración de Independencia, redactado principalmente por Thomas Jefferson con aportaciones de John Adams, Benjamín Franklin, Roger Sherman y Robert R. Livingston. Ese documento no solo anunció la separación de Gran Bretaña. También expuso una filosofía política revolucionaria para la época. Su frase más conocida sostiene que todos los seres humanos nacen iguales y poseen derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Estas ideas, influenciadas por el pensamiento de John Locke y la Ilustración, cambiarían profundamente la historia occidental.
Cada año, el 4 de julio se llena de fuegos artificiales, desfiles, banderas y discursos sobre la libertad. Para millones de personas es una fecha de celebración nacional. Sin embargo, pocos conocen con precisión qué ocurrió realmente ese día y, más aún, qué procesos políticos y humanos hicieron posible que esa fecha terminara convirtiéndose en uno de los símbolos más poderosos de la historia moderna. Las trece colonias británicas en América llevaban años acumulando inconformidades con la Corona inglesa. El problema no era únicamente el pago de impuestos. Los colonos reclamaban algo que hoy parece elemental: no podían ser gobernados por un Parlamento en el que no tenían representación. De ahí nació una frase que se volvió histórica: "No taxation without representation" ("No hay impuestos sin representación"). Las tensiones crecieron hasta convertirse en un conflicto armado. En abril de 1775 ya habían ocurrido los enfrentamientos de Lexington y Concord. Es decir, cuando llegó julio de 1776, la guerra ya había comenzado. La independencia aún no existía jurídicamente, pero sí existía la decisión política de buscarla.
Otro dato curioso es que el propio John Adams estaba convencido de que la gran celebración nacional sería el 2 de julio. En una carta a su esposa escribió que esa fecha sería recordada por generaciones con fiestas, desfiles y fuegos artificiales. Se equivocó por apenas dos días. El documento terminó siendo más importante para la memoria colectiva que la votación misma. Existe otro detalle poco conocido. La mayoría de los delegados no firmó físicamente la Declaración el 4 de julio. La firma más conocida ocurrió varias semanas después, principalmente el 2 de agosto de 1776. Es decir, el documento aprobado ese día y el documento firmado posteriormente suelen confundirse como si fueran el mismo acontecimiento. La independencia tampoco significó el fin inmediato del conflicto. La guerra continuó durante siete años más. Solo en 1783, con el Tratado de París (1783), Gran Bretaña reconoció oficialmente la independencia de los nuevos Estados Unidos.
Sin embargo, esto nos muestra que el nacimiento de una identidad nacional lo construye la fuerza que pueden tener las ideas cuando se convierten en instituciones. Las naciones no se construyen únicamente con victorias militares; se consolidan cuando logran plasmar principios compartidos en leyes, gobiernos y reglas capaces de sobrevivir a las generaciones que las crearon. También nos recuerda que la libertad nunca es un acto instantáneo. Es un proceso. Requiere convicción, acuerdos, sacrificios y, sobre todo, responsabilidad para preservar aquello que se ha conquistado.
Por eso el 4 de julio trasciende las fronteras de Estados Unidos. Representa uno de esos momentos históricos en que un grupo de personas decidió que el poder debía derivar del consentimiento de los gobernados y no de la voluntad de un monarca. Esa idea inspiraría posteriormente movimientos constitucionales e independentistas en buena parte del mundo.
Las ideas que dieron origen a esa celebración del 4 de julio siguen iluminando el debate sobre la libertad, la representación política y el papel del ciudadano, prácticamente dos siglos y medio después.
Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas palabras hayan sido de su agrado y, sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!




