¿Irán cuna de los arios?
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Pocas palabras han sido tan mal entendidas en la historia como "ario". Hoy suele asociarse con teorías raciales del siglo XX, especialmente con la ideología nazi. Sin embargo, el término tiene un origen mucho más antiguo y profundo, ligado a una de las grandes civilizaciones del mundo antiguo: Irán.
Pero comprender la historia de Irán también exige distinguir entre su civilización milenaria y su régimen político actual. El sistema teocrático instaurado tras la revolución de 1979, gobernado por los ayatolás, no necesariamente refleja el sentir de toda la sociedad iraní. Diversas encuestas y estudios de opinión indican que solo alrededor del 20% de los iraníes apoya la continuidad de la República Islámica, mientras que una amplia mayoría preferiría un sistema político distinto, generalmente democrático o secular.
De hecho, investigaciones académicas han encontrado que más del 80% de los iraníes no desea un Estado teocrático, lo que muestra una clara distancia entre la estructura política del país y las aspiraciones de buena parte de su población.
Las protestas recurrentes en las últimas décadas —motivadas por problemas económicos, restricciones sociales y demandas de libertades— reflejan esa tensión entre una sociedad dinámica, joven y educada, y un sistema político rígido que concentra el poder en la autoridad religiosa.
Por eso, cuando se habla de Irán conviene recordar que su identidad no se reduce a la imagen de los ayatolás. Irán es heredero de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, con una tradición cultural, filosófica y científica que ha influido durante milenios en la historia de la humanidad.
En otras palabras, Irán es mucho más que su régimen político actual. Es la tierra donde floreció Persia, la patria de poetas como Hafez y Rumi, y el lugar donde surgieron algunos de los pueblos que dieron origen a grandes tradiciones culturales.
El propio nombre Irán proviene de la expresión antigua "Aryanam", que significa literalmente "la tierra de los arios". En su origen, "ario" no era una categoría racial ni biológica. Era un término cultural que algunos pueblos utilizaban para referirse a sí mismos como "nobles" o "honorables".
Hace aproximadamente 3,500 o 4,000 años, grupos de pueblos indoeuropeos que habitaban las estepas al norte del mar Caspio comenzaron a migrar hacia diferentes regiones. Unos se dirigieron hacia Europa; otros avanzaron hacia el sur y el este, penetrando en el subcontinente indio y en la meseta iraní. De estas migraciones surgieron los llamados pueblos indo-iranios, antepasados de las antiguas civilizaciones de Persia y de la India védica.
Las huellas de esa identidad aparecen en los textos más antiguos de ambas culturas. En los Vedas de la India y en el Avesta, el libro sagrado del zoroastrismo persa, aparece la palabra "arya" para designar a quienes pertenecían a esa comunidad cultural. No describía rasgos físicos ni pretendía establecer jerarquías raciales; se refería simplemente a una identidad compartida basada en la lengua, la religión y las tradiciones.
En la meseta iraní, esos pueblos desarrollaron una de las civilizaciones más influyentes del mundo antiguo: Persia. Desde allí surgieron imperios que marcaron la historia, como el imperio aqueménida fundado por Ciro el Grande en el siglo VI antes de Cristo. Bajo su gobierno y el de sus sucesores, Persia llegó a ser uno de los imperios más extensos del mundo antiguo, abarcando territorios desde Egipto hasta la India.
Los persas antiguos utilizaban con orgullo la palabra "ariya" para identificarse. En una famosa inscripción, el rey Darío I se presenta diciendo: "Soy Darío, el gran rey... un persa, hijo de un persa, un ario". En aquel contexto, el término significaba simplemente pertenecer a un linaje cultural y lingüístico común.
Durante siglos, la palabra mantuvo ese significado histórico. Fue hasta el siglo XIX cuando algunos filólogos europeos, al descubrir las similitudes entre lenguas como el sánscrito, el persa, el griego y el latín, comenzaron a hablar de una familia lingüística indoeuropea. Algunos utilizaron la palabra "ario" para referirse a ciertos grupos de esa familia.
Allí empezó la distorsión.
En el siglo XX, ideologías racistas manipularon el término y lo convirtieron en una supuesta categoría biológica superior. El nazismo llevó esa interpretación al extremo, utilizando el concepto "ario" para justificar teorías de supremacía racial. Esa apropiación política distorsionó completamente el significado histórico de la palabra.
En realidad, los antiguos arios no constituían una raza homogénea. Eran pueblos diversos que compartían lenguas emparentadas y ciertas tradiciones culturales. Su legado forma parte de la historia de múltiples civilizaciones, desde Europa hasta el sur de Asia.
Irán conserva todavía esa huella en su propio nombre. Durante siglos el país fue conocido en Occidente como Persia, pero en 1935 el gobierno solicitó oficialmente que se utilizara el nombre Irán, precisamente porque reflejaba su identidad histórica como la "tierra de los arios".
Cuando se entiende esto, el significado original de "la tierra de los arios" deja de ser un concepto ideológico y vuelve a lo que realmente fue: un recuerdo histórico de una civilización antigua, compleja y profundamente humana.




