La generación de pobreza como pecado social

En plena cuaresma de 2008, el Vaticano dio a conocer los nuevos siete “pecados sociales” que se suman a los ya conocidos pecados capitales.

Los llamados "pecados sociales" son: las violaciones bioéticas como la anticoncepción; los experimentos moralmente dudosos como la investigación con células madre; la drogadicción; la contaminación del medio ambiente; el contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres; la riqueza excesiva; y el generar pobreza.

Llama la atención sobre manera los relativos a la riqueza excesiva y el generar pobreza, así como la contribución a ampliar la brecha entre ricos y pobres.

Aunque no es de extrañar pues la doctrina del cristianismo, desde sus inicios, en su afán por marcar una patente diferenciación con la ideología judía (comprensible como necesaria para lograr su emancipación y autonomía como religión diferente a aquella), representa a un Dios bondadoso, bueno y comprensivo, en contrapartida al Dios judío, más temperamental, bélico y vengativo.

Por lo cual, el socorro a los pobres, necesitados y desvalidos se convirtió en el dogma que caracteriza y define al buen cristiano o católico. Contrapuesto a la definición de maldad, egoísmo y codicia con el que identificaba a los judíos.

Este modo de pensamiento permeó profundamente en la cultura occidental a tal grado que, por mucho tiempo, durante la hegemonía de la Iglesia-Estado en los reinos de la edad media y ya entrados en el renacimiento, eran castigados quienes se dedicaban a prestar dinero a

cambio del pago de intereses, pues se consideraba un grave pecado.

A ello se debe, en gran medida, qué en aquellas culturas, como la judía, en las que no se ve mal la acumulación de riqueza, por mucho tiempo, hayan dominado la actividad financiara mundial.

En la actualidad, en los países con políticas económicas de libre mercado, la obtención de lucro (ganancia generada por actividades comerciales), no sólo es permitida, sino que consiste en una real obligación para el Estado el alentarla y apoyarla. México no es la excepción, teniendo incluso elevado a rango constitucional el Derecho Humano al “crecimiento y desarrollo económico”, previsto en el artículo 25 de nuestra Carta Magna.

No obstante, en nuestro país, en la actualidad, un alto porcentaje de la población continúa santificando la pobreza y satanizando la riqueza, lo cual pone de manifiesto los remanentes de aquel pensamiento religioso, hasta cierto punto anacrónico, pero que se encuentra hondamente arraigado en nuestra idiosincrasia.

En un país con una avasallante mayoría de personas en situación de pobreza, necesidad y de católicos practicantes, el discurso político y populista, que denosta y difama a los ricos por su capacidad de generar riqueza, germina como semilla en campo fértil.

Pero no nos equivoquemos, los empresarios generadores de riqueza no son el enemigo del pueblo, al contrario, son el motor que mueve al país, generan bienestar económico, empleos y satisfactores sin los cuales ningún sistema de gobierno podría subsistir.

Los pecados sociales a los que se refiere la iglesia católica aludiendo a pobres y ricos no es que estén mal, pues a fin de cuenta tienen relación con la empatía e igualdad social y económica que debe ser el objetivo y finalidad de todo pueblo civilizado, pero qué si no se les da la debida interpretación pueden resultar en una peligrosa herramienta en manos de gobiernos populistas de izquierda que sólo buscan el propio interés a costilla de los más necesitados.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!



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