La nueva normalidad en el derecho
La terrible pandemia en la que nos encontramos vino a cambiar
sustancialmente nuestra realidad, al grado que, cuando queramos volver
a ella, la veremos transformada. Esto ya sucedió, no guste o no.
Nuestra realidad ya cambió.
De manera tal que, cosas que, en nuestra vida cotidiana, a las que
dábamos poca, o nada de importancia, ahora son de la mayor
relevancia, tales como, no entrar con calzado al interior de la casa,
guardar una distancia prudente en relación con las demás personas,
desinfectar las bolsas y empaques del mandado, entre muchas más
medidas, las cuales llegaron para quedarse.
Los cambios de nuestra nueva normalidad, como la ha llamado el
gobierno federal, también se dejarán sentir en nuestros trabajos, desde
la implementación de medidas de higiene y satanización, hasta en la
forma y la mecánica en que realizamos nuestra actividad laboral, un
ejemplo claro de ello es el mayor uso de los medios tecnológicos, sobre
todo para reuniones a distancia con proveedores, clientes y equipos de
trabajo.
El derecho, no puede ser la excepción, también necesariamente, tendrá
que sufrir cambios y adaptarse a las nuevas necesidades que surgirán a
raíz de las nuevas conductas y contextos en los que nos encontramos.
Se vislumbra un reordenamiento radical en las legislaciones,
principalmente en las áreas del Derecho a la Salud, Laboral y Ambiental,
lo cual representará un gran reto para esta ciencia.
Adicionalmente, esta nueva realidad, implica un profundo cambio en la
forma en que los despachos de abogados prestan sus servicios. Las
prácticas que, apenas en febrero venían realizando los abogados como
su forma habitual de trabajo, al día de hoy (escasos tres meses), ya
quedaron obsoletas.
El trabajo a distancia, las audiencias de los juzgados que, muy
probablemente serán ahora virtuales, las consultas de los clientes a
través de medios tecnológicos, representan, para el abogado tradicional,
un enorme cambio y todo un reto, al cual tendrá que adaptarse o
desaparecer.
El nuevo abogado (el de la nueva realidad), debe ser un profesional más
humano, más consciente de la importancia del cuidado del medio
ambiente y de la salud, con un verdadero espíritu de servicio así como
de empatía y mayor involucramiento en los problemas de sus clientes,
quienes deben dejar de ser vistos como meros consumidores, para ser
considerados como verdaderos socios estratégicos, pues sólo, sintiendo
el abogado los problemas del cliente como propios, podrá dar un
auténtico servicio digno, de calidad y de excelencia.
Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras
hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!



